¿Por qué y cómo deben volver los niños y niñas de Ceuta a la escuela?

Este verano no ha sido un verano de vacaciones normales para los niños y niñas de Ceuta como tampoco lo ha sido para sus familias. Ha sido un verano de calles desiertas por el miedo, de playas convertidas en escenarios de tragedia y de colegios transformados de urgencia en albergues improvisados.

Con toda lógica, la ciudadanía está asustada y enfadada: aumentan los problemas de orden público, no se ve ninguna solución efectiva (y mucho menos rápida) al problema y los vecinos y vecinas de Ceuta observan a diario sus plazas y parques ocupados por personas que vagan sin rumbo por toda la ciudad. Al mismo tiempo, el runrún del absentismo escolar o las peticiones del retraso del comienzo de las clases planean sobre la ciudad ante la inminente vuelta al colegio, fechada para el próximo 8 de septiembre.

Sin embargo, ante la pregunta de si debemos abrir las escuelas en estas condiciones, la respuesta debe ser rotunda: sí, hoy más que nunca. La escuela no es un mero trámite administrativo ni una guardería de conveniencia; es el espacio que restaura el orden social y el bienestar psicológico de la infancia. Cuando el derecho a la normalidad se ha visto gravemente fracturado, la apertura de las aulas es un mecanismo eficaz para devolver cierta rutina positiva a la vida de nuestros menores y recuperar en un entorno seguro sus juegos, sus conversaciones y el contacto con otros niños y niñas.

La pregunta clave ya no es si los niños y niñas de Ceuta deben volver a la escuela, sino cómo deben hacerlo.

Para responder a esta pregunta, no podemos improvisar. Por ello se propone a continuación un esbozo de Plan de Retorno Educativo Seguro (PRES), un marco de acción basado en los estándares internacionales de la Red Interagencial para la Educación en Situaciones de Emergencia (INEE).

El plan se articula en cinco ejes de actuación inmediata. En este sentido, el PRES es, al mismo tiempo, una secuencia de actuaciones basadas en evidencias científicas y centradas en resultados concretos, pero también una descripción de las condiciones que deben ocurrir para que la vuelta a la escuela sea segura y eficaz. El punto de partida es defender que, con inteligencia colectiva e implicación institucional, es posible transformar el aula en un refugio de paz social y bienestar para nuestros niños y niñas.

Eje 1: Gobernanza participativa y apoyo a las familias

No podemos abordar esta crisis desde despachos aislados. Se debe constituir una Comisión de Coordinación Educativa (CCE), un órgano de trabajo constituido por todas aquellas instituciones y agentes con responsabilidad educativa o en ámbitos implicados en el retorno a la escuela. Su dos primeros objetivos son ratificar de manera participativa y crítica el diseño de este Plan de Retorno Educativo Seguro y mitigar el comprensible miedo familiar mediante un canal informativo accesible y transparente que combata los bulos y la desinformación. Asimismo, reconociendo que el estrés de las familias es el principal predictor del bienestar infantil (el llamado caregiver distress), el plan implementará actuaciones como grupos de apoyo, reuniones informativas o talleres de manejo del estrés para padres y tutores. Cuidar a los cuidadores es el primer paso para proteger a los niños.

Eje 2: Saneamiento absoluto e inspección de los centros

La recuperación del espacio físico tiene una importancia fundamental. Así, antes del 8 de septiembre, se debe realizar un protocolo extraordinario de desinfección profunda y limpieza para responder a las lógicas preocupaciones de las familias sobre salubridad e higiene de los centros educativos. Ningún centro debe abrir sus puertas sin una Certificación de Habitabilidad firmada por la CCE que garantice el correcto restablecimiento de las aulas y los centros educativos.

Eje 3: Entornos seguros y prevención discreta

La seguridad de nuestros menores debe garantizarse desde que salen de sus casas hasta que regresan, además de todo el tiempo que estén en los centros educativos. Para ello, se establecerá un dispositivo perimetral de vigilancia policial externa y discreta (Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local) en las horas punta de entrada y salida. Sin embargo, siguiendo las directrices de la INEE, se descarta por completo la presencia de personal armado o uniformado dentro de los centros educativos, aunque se pueda reforzar el control y la vigilancia para evitar intromisiones indeseadas. La escuela debe seguir siendo un templo de paz y aprendizaje, no un entorno hostil. Para reforzar la tranquilidad vecinal, se potenciarán Rutas de Acompañamiento Comunitario («pedibuses escolares») lideradas por voluntarios y familias para acompañar a los niños a pie desde los domicilios hasta los centros educativos.

Eje 4: Apoyo psicosocial

Nuestros docentes son el primer escudo protector de los menores en el aula; ellos saben reconocer los signos de angustia y trauma. No obstante, no debemos pedir a los docentes que actúen como psicólogos clínicos o realicen tareas para las cuales no están cualificados, lo que solo generaría más frustración y desgaste. Se debe establecer una red de derivación ágil, directa y confidencial desde los centros escolares hacia los servicios de salud mental de la Ciudad Autónoma. Asimismo, para apoyar la salud laboral de los profesores y mitigar la sobrecarga en aulas complejas, se definirán actuaciones para garantizar su bienestar y reducir su estrés tras la experiencia del mes de agosto y se activará una alianza con el Campus de la UGR para incorporar a estudiantes de últimos cursos como asistentes de aula voluntarios en las primeras semanas de clase.

Eje 5: Actividad educativa de inicio de curso

La rutina escolar es una actividad fundamental para recuperar cierta normalidad en situaciones de emergencia. Durante las dos primeras semanas de clase (que está previsto que comiencen de forma escalonada a partir del 8 de septiembre), las tareas meramente académicas y las evaluaciones de alto impacto quedarán en segundo plano. Los educadores debemos centrarnos en la descompresión emocional mediante juegos cooperativos y actividades artísticas, siguiendo las propuestas de las denominadas «aulas sanadoras» (healing classrooms). Se recomienda utilizar recursos de expresión emocional no invasivos, como buzones de preocupaciones o dibujos, no siendo recomendable forzar a los menores a relatar verbalmente sus vivencias traumáticas recientes.

Finalmente, en Educación Secundaria, no se recomienda el silencio o la censura de los debates, que suelen ser el germen de la radicalización y la polarización. Los institutos pueden debatir, de forma crítica, racional y pacífica, lo ocurrido en Ceuta durante este verano, validando que se puede sentir compasión por el sufrimiento del migrante y, al mismo tiempo, defender legítimamente el derecho del residente local a la seguridad de sus calles. Es en este debate constructivo donde reside la verdadera fortaleza de la convivencia ceutí.


Ceuta se enfrenta a un reto histórico. Apoyar a la escuela ceutí en este momento es decirnos a nosotros mismos que, sea cual sea la adversidad, somos capaces de resistir y construir un futuro digno. Nadie se queda fuera de esta llamada. De nuestra inteligencia colectiva y de la celeridad de nuestras instituciones dependerá que el 8 de septiembre no sea el inicio de una nueva crisis, esta vez educativa, sino el primer día de la recuperación de la paz y el futuro de Ceuta.


A continuación se aporta una versión más desarrollada del PRES junto a la bibliografía utilizada para su diseño:

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