Visión de Ceuta

Ceuta como futuro

El pasado jueves 30 de julio me encontraba en el campus universitario de Ceuta para cerrar los últimos detalles antes de las vacaciones de verano. Estaba trabajando con los técnicos de investigación de la Cátedra en Inteligencia Artificial y Tecnologías Emergentes para el Bienestar, cuatro jóvenes listos, generosos y comprometidos que durante el último curso me han acompañado en esta maravillosa aventura que es la Cátedra Ceuta-IATEB de la Universidad de Granada y la ciudad de Ceuta, un espacio donde tenemos la suerte de poder imaginar un futuro mejor e intentar poner las bases para construirlo.

A media mañana, Fátima, una de los técnicos de la Cátedra, recibió el primer vídeo en su teléfono. Cientos de personas cruzaban a Ceuta a través del ya famoso espigón que separa Ceuta de Marruecos y una hilera interminable de personas esperaban su turno para pasar también desde el lado marroquí de las fronteras hasta el lado ceutí, español y europeo. Pregunté a Fátima por la credibilidad de ese vídeo y me garantizó que su propio padre podía ver esa imagen desde la barriada de Príncipe Felipe, donde ellos viven. Y poco después empezaron a llegarnos a todos los primeros mensajes, las primeras imágenes y muchos más vídeos: efectivamente, miles (¡no cientos, miles!) de personas, fundamentalmente jóvenes pero también muchos menores, estaban entrando en Ceuta de manera irregular sin que la Guardia Civil y la Policía Nacional pudieran hacer nada por evitarlo, absolutamente superados por el número de personas que estaban llegando, y dedicaban sus  esfuerzos a evitar tragedias de nuevo en la frontera del Tarajal, que ya en 2021 vio muerte y sufrimiento con la anterior entrada masiva de personas provenientes de Marruecos.

De repente, el futuro de la ciudad de Ceuta había quedado en suspenso.

El futuro ha quedado en suspenso porque es difícil pensar en una vida tranquila y sin amenazas a corto, medio o largo plazo cuando es tan fácil alterar la normalidad de una ciudad de diecinueve kilómetros cuadrados, con recursos limitados y ya bastante agotados por el esfuerzo que supone la cotidianidad de una ciudad entre dos fronteras: por un lado, la frontera con Marruecos, que es durísima y compleja; por otro lado, otra frontera incluso más complicada y frustrante, la que nos une, separa y aleja de Europa y de España, simbolizada por el Estrecho de Gibraltar pero concretada en dificultades aduaneras y comerciales, una tasa de desempleo y de pobreza estratosféricas, falta de inversión en Educación y Sanidad (por poner un par de ejemplos, en Ceuta no se ha construido un solo centro educativo desde hace muchísimos años a pesar del crecimiento de la población y los distintos gobiernos mantienen una deuda millonaria e histórica con la Universidad de Granada por los estudios superiores que se imparten en nuestro Campus, mantenidos en buena medida por la institución granadina y su compromiso con Ceuta y Melilla); en definitiva, son muchos los problemas grandes y pequeños que día a día marcan la vida en Ceuta – y también Melilla, por supuesto – debido a su carácter de doble frontera.

El futuro ha quedado en suspenso también porque en Ceuta se estaba construyendo un futuro posible que ahora podría haberse caído como un castillo de naipes: el futuro de una Ceuta basada en el conocimiento, en la tecnología, en empresas digitales, en un turismo inteligente o en energías alternativas y una mirada ecológica a nuestro entorno. ¿Cómo les decimos ahora a las empresas que vengan a invertir a Ceuta? ¿Cómo les garantizamos estabilidad, tranquilidad y paz para sus desarrollos empresariales a medio y largo plazo? ¿Qué trabajadores querrán trasladarse a Ceuta con sus familias para enriquecer el territorio con su trabajo y su presencia? ¿Cómo convencemos a futuros estudiantes universitarios acerca de las excelencias de nuestro campus en estas condiciones? ¿Quién va a hacer planes de futuro en una tierra que en una mañana ha visto como se altera la normalidad de manera tan rápida  e impune?

Por último, el futuro queda en suspenso porque se puede haber roto el frágil equilibrio que mantiene Ceuta en marcha, que no es otro que un modo de vida que se basa en la convivencia y el respeto a la diversidad: en Ceuta se hablan muchas lenguas, se vive en familias que se organizan de maneras diferentes, se cree en muchos dioses y se entiende que cada uno debe respetar el modo de vida de todos los demás en la medida que todos respetamos las leyes fundamentales que nos hemos dado para garantizar, precisamente, esa convivencia. ¿Cómo afectarán los sucesos de estos últimos días a este modo de vida basado en la convivencia y el respeto? Es fácil imaginar lo sencillo que resulta manipular la situación – y habrá gente que lo intente, como lo están haciendo ya – para que cunda la confrontación, el conflicto, la incomprensión, las respuestas simplificadoras y, en definitiva, la ruptura con un modelo que entiende que la diversidad es parte de la identidad del pueblo ceutí, y no un mero adorno.

En el momento en que escribo este texto han muerto ahogadas casi cien personas, cada una con su historia y su entorno familiar y social; las calles de Ceuta se han llenado de miles de personas que deambulaban intentando conseguir algo que comer o un lugar donde refugiarse, descansar o dormir mientras que la mayoría de los ceutíes se han refugiado en sus casas y todos los establecimientos comerciales han cerrado sus puertas ante el temor de que hubiera altercados. Por supuesto, en las calles se han visto muchas escenas de cooperación y solidaridad, porque Ceuta es una ciudad generosa y que entiende el dolor de una población que es utilizada por intereses espurios, pero se ha visto también mucha preocupación y mucho miedo ante el presente y, sobre todo, el futuro.

Y, sin embargo, el futuro empieza a partir de este mismo momento, a partir de hoy.

Para ello, tenemos que repensar cuestiones fundamentales; por supuesto, la primera es la seguridad de la frontera con Marruecos. Es hora de decir claramente que desde hace tiempo hay gente muriendo diariamente por pasar a Ceuta, como puede confirmar la Guardia Civil o cualquier medio de comunicación local: hay que dar una respuesta a la inmigración irregular desde Marruecos urgentemente – y la respuesta no puede ser la invocación superficial a «las mafias», que por supuesto que existen, sino una exigencia contundente al gobierno marroquí para que cumpla con su propia gente, que está muriendo ahogada o se desespera ante la falta de expectativas económicas y sociales.

Pero más allá del problema migratorio y fronterizo, hay también una cuestión fundamental: el modelo de ciudad que el Gobierno central, responsable de un buen número de competencias en Ceuta y Melilla, y el Gobierno local quieren para Ceuta, en un sentido amplio y también inmediato. En Ceuta hay mucha gente trabajando mucho y bien, pero solos no pueden levantar un nuevo futuro.

El sistema educativo y el sistema sanitario necesitan que el gobierno central cumpla su obligación, incumplida por todos los gobiernos, de un signo o de otro, durante demasiados años; la economía de Ceuta necesita que se resuelvan los problemas que la Confederación de Empresarios de Ceuta y la Cámara de Comercio, entre otras instituciones, vienen planteando desde hace años para que montar y mantener una empresa en Ceuta no sea una aventura descabellada sino deseable; los servicios sociales deben funcionar de manera fluida y con planes de contingencia ajustados a la situación fronteriza de Ceuta, además de a la realidad propia de una ciudad multicultural y multilingüe con problemas de desigualdad y para la generación de empleo y de bienestar; y muchas otras cuestiones como la vivienda, la justicia, la energía, la gestión de residuos, los transportes, etc., deben ser abordadas desde el carácter singular de ciudades como Ceuta y Melilla. Es decir, se requiere i+i+i: imaginación, inversiones e implementación inmediata de planes efectivos de mejora del modelo de ciudad.

Hoy el futuro de Ceuta está en suspenso, pero tenemos que invocar un futuro nuevo: es el momento de que cada institución cumpla con su compromiso como cada ceutí debe cumplir – y cumple – con su responsabilidad, con la esperanza de que un futuro mejor es posible y que no podemos cesar en el empeño de desearlo, de reclamarlo y de intentar hacerlo realidad.

Foto de Achraf Talha en Unsplash

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