Adiós, Campanilla: Ceuta en la encrucijada
Ceuta es una ciudad maravillosa habitada por un pueblo generoso, creativo y que ha aprendido a hacer de la diversidad y la convivencia sus propios valores y su modo de ser y de vivir.
Sin embargo, los días 30 y 31 de julio la tranquilidad de la ciudad de Ceuta se alteró profundamente. Durante dos días dejó de funcionar el «Efecto Campanilla» (la percepción de que «algo es real solo por creer en ello y desearlo suficientemente», como pretendían enseñarnos Peter Pan y su amiga Campanilla), el cual es fundamental para entender muchos de los hechos sociales (entre ellos, las fronteras) que conforman nuestra vida en sociedad.
Por supuesto, no dejó de funcionar «mágicamente»: dejó de funcionar, entre otras cuestiones, porque el Efecto Campanilla se apoya en hechos y objetos que no estuvieron operativos o funcionando de manera eficaz los días 30 y 31 de julio en Ceuta, como la separación física eficaz entre dos países a través de vallas y otros medios, los controles fronterizos o la colaboración entre países vecinos (rota por la inacción, premeditada o no, de Marruecos). La consecuencia es que miles de marroquíes pensaron que la frontera ya no era un muro ni marcaba una separación, sino que se podía franquear libremente. La ilusión de la frontera había caído y había que aprovechar la oportunidad, aunque condujera a la muerte.
Esos dos días de julio entraron de manera irregular a la ciudad en torno a ochenta mil personas, es decir, la misma población que vive en Ceuta habitualmente. Desde ese momento, los problemas han sido muchos y de extrema gravedad: para empezar, en las playas de Ceuta y Marruecos han muerto muchas personas y por las calles y los barrios de la ciudad se hacinan a día de hoy miles de personas (se estima que unas diez mil), incluyendo a más de un millar de menores que duermen y malviven en la calle, en las playas, en parques infantiles o, en el mejor de los casos, en colegios convertidos en improvisados centros de acogida.
La generosidad y resiliencia del pueblo de Ceuta, la actuación de muchas instituciones fundamentales del Estado y algunas organizaciones no gubernamentales (Policía Nacional, Guardia Civil, Ejército, sanitarios en su conjunto, Cruz Roja, etc.) y las decisiones tomadas por los representantes políticos locales han evitado (al menos, parcialmente) una crisis humanitaria aun mayor y que estén ocurriendo altercados de mayor importancia. Sin embargo, el riesgo de problemas graves (humanitarios, sanitarios, de orden público, sociales, económicos y, por supuesto, en relación con la imagen pública de Ceuta) crece a medida que pasan los días y muchos ceutíes tienen miedo, se sienten profundamente inseguros al haber visto su ciudad desprotegida y vulnerable, y perciben y afirman – con lógico enfado – que se han cometido errores fundamentales gravísimos que posibilitaron la mayor entrada irregular de personas que ha vivido nunca nuestro país, las muertes en el mar y los múltiples problemas que Ceuta tiene a día de hoy.
Además, poco a poco avanza agosto, un mes en que habitualmente se vive lentamente y en el cual solían escasear las noticias, pero el 1 de septiembre está cada día más cerca. Entonces la ciudad retomará su ritmo habitual y habrá que preparar los colegios para el curso escolar si no queremos tener, además, un problema educativo; para esa fecha, por tanto, sin tardanza, se deben haber resuelto tanto la crisis humanitaria como la «habitabilidad» y la normalidad de las calles, lo cual también implica superar la crisis fronteriza, diplomática y de seguridad para que la frontera de Ceuta no solo vuelva a ser segura y «respetable», sino para que a todo el mundo le quede claro que la migración irregular no es una solución viable, ni para los migrantes ni para mejorar la situación de Marruecos, donde algo no se está haciendo bien cuando sus jóvenes prefieren jugarse la vida antes que permanecer en su país natal.
Las ciudadanas y ciudadanos de Ceuta tienen derecho a vivir su vida en paz, sin que haya personas que mueran por llegar a su costa, sin que sus calles se convierten en lugar donde duermen miles de personas que han llegado irregularmente, o mucho menos que sus calles sean inseguras o peligrosas en ningún sentido. Al mismo tiempo, esas personas que cruzaron de Marruecos a Ceuta tienen derecho a vivir su vida con dignidad, e incluso a migrar de manera regular y por los cauces ordinarios, para lo cual Europa, España y Marruecos tendrán que trabajar juntos necesariamente, además de que Marruecos tendrá que resolver sus problemas internos, esos que expulsan a su juventud fuera de su territorio nacional, en demasiadas ocasiones para morir en el mar.
Así pues, Ceuta tiene que volver a la normalidad y debe ser pronto, cuanto antes. Para ello el Gobierno central debe poner todos sus medios al servicio de la resolución de esta crisis fronteriza, humanitaria, social y económica. No solo hay que reactivar el «Efecto Campanilla» y hacer visible que la frontera es infranqueable y que nadie debe jugarse la vida en ella; hay que ayudar a que Ceuta recupere su paz y contribuir a que se hable de Ceuta como ejemplo de convivencia, como motor económico o por las bondades de su entorno natural o su patrimonio histórico.
No podemos dejar sola a Ceuta. Sería una traición a nuestra propia idea de país y a nuestros compromisos fundamentales como compatriotas y como ciudadanos solidarios de un Estado moderno, democrático y basado en el derecho y la justicia. Apoyar a Ceuta es apoyar a una ciudad por la cual merece la pena trabajar y a un pueblo que tiene mucho que ofrecer y que enseñar a toda España, Europa y el mundo. Cuidar a Ceuta en este momento es decirnos a nosotros mismos que sea cual sea el reto al que nos enfrentemos, todos juntos podemos resistir ante la adversidad y construir un futuro mejor a corto, medio y largo plazo. Estar al lado de Ceuta en estos momentos es, en definitiva, nuestra obligación y la grandeza – o la miseria – de nuestro país y de nuestros gobernantes se medirá en cómo seamos capaces de superar la crisis de Ceuta y de construir la Ceuta – y la España – del futuro a partir de este momento.








Nota: Las fotografías las realicé ayer, martes 11 de agosto, en Ceuta y las subo a mi blog con licencia Creative Commons CC BY (Reconocimiento).


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