Alicia en la Residencia: nueva obra teatral y proyecto educativo

Tengo un nuevo proyecto educativo para el curso 2025-2026 y me gustaría contártelo, por si te apetece acompañarme.

Su nombre es «Alicia en la Residencia«. Es una obra de teatro (como punto de partida) y lo acaba de publicar Ediciones Alfar con una magnífica edición por parte de Álvaro Lorenzana. Si te apetece leerlo, lo tienes ya a tu disposición en la web de la editorial, en la web de Todos tus libros y en las plataformas digitales más habituales.

Ayer tuve la suerte de presentar esta «Alicia en la Residencia» en el marco de la Feria del Libro de Algeciras gracias a la generosidad de los miembros de AEPA2015 y, muy especialmente, de Nuria Sáez Rodríguez, directiva de la Asociación. Además, la presentación contó con la presencia del cantautor Manuel Báez, que cantó para nosotros dos de sus canciones, y la inestimable ayuda de Juan Ocaña, de la Librería Bahía de Letras. Desde aquí quiero dar las gracias a las personas que me acompañaron por su apoyo y su cariño: disfruté mucho la presentación y la posterior firma de ejemplares en la Feria del Libro. Os dejo algunas fotografías de la presentación realizadas (en su mayoría) por Manuel Jiménez (AEPA2015), a quien le agradezco la «cobertura fotográfica».

Así pues «Alicia en la Residencia» ya vuela de manera independiente. La obra ya está publicada y espera a sus lectores con paciencia.

Ahora llega el momento del proyecto educativo y para ello me gustaría contarte qué es «Alicia en la Residencia».

«Alicia en la Residencia» es, en cierto sentido, una obra de acción:

Hay una persona inocente y una persona malvada, existe una confrontación y se comete una injusticia. Hay una escena dramática y un final trágico que pretende hacernos pensar más que dejarnos una moraleja.

Eso es, en esencia, “Alicia en la Residencia”.

Sin embargo, me gustaría pensar que es algo más. Es más, me gustaría pensar que es… una cebolla.

La primera capa de esta cebolla literaria es, como puedes imaginar, el mito de Alicia. Charles Lutwidge Dodgson escribió “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas” en 1865. Sin embargo, la historia comenzó a gestarse algunos años antes, en un aburrido paseo por el Támesis, cuando el matematico Dodgson intentó entretener a las hermanas Liddell (Lorina Charlotte, Edith y Alicia) con una historia enloquecida de personajes que, siendo reconocibles, no son lo que parecen ser: en Alicia, todo es un juego de espejos deformantes, incluido el propio autor, a quien yo he llamado Charles Lutwidge Dodgson aunque tú probablemente lo conoces como Lewis Carroll, porque en Alicia todo es un sinsentido pero todo tiene un último sentido. Nada es como parece y nadie es quien dice ser.

En realidad, el mito de Alicia es, entre otras cosas, un viaje de descubrimiento en torno a la propia identidad. Alicia camina por el País de las Maravillas buscando averiguar quién es ella, si es grande o es pequeña, si es buena o es mala, si conoce su camino o si está perdida. Alicia es un persona en busca de sí misma; por eso este libro y este personaje resultaron tan atrayentes para el Surrealismo y otras corrientes artísticas y también por ese motivo esta primera capa engarza con la segunda capa de la obra: el mito lorquiano.

Federico Garcia Lorca era, en el momento de su muerte, un ídolo de masas, un referente cultural indiscutible tanto en España como en América, pues sus obras ya habían recorrido nuestro país y el continente americano entre aplausos y alabanzas. Lorca representaba la belleza, el estilo, la creatividad y el éxito en una sociedad pobre y analfabeta. Lorca era el mejor presente y el futuro, y precisamente por eso lo mataron: Lorca era un espíritu emergente, una insurgencia, y una parte de la sociedad española del momento no estaba dispuesta a permitir ese nivel de libertad y de modernidad que Lorca y algunos otros encarnaban.

Justo ahí comienza la tercera capa. Lorca no estaba solo en su búsqueda de la belleza y la modernidad. Un grupo maravilloso de creadores (poetas, artistas plásticos, científicos, intelectuales) surge en España en el primer tercio del siglo XX a partir de los esfuerzos de la Institución Libre de Enseñanza por traer aires nuevos a España y vincularla con Europa para que no perdiera, una vez más, el tren de los avances sociales e intelectuales.

Federico y sus amigos (Pepín Bello, Salvador Dalí y Luis Buñuel, entre otros) encontraron en la Residencia de Estudiantes el entorno privilegiado para crecer, socializar y aprender sin límites de las mejores figuras que habían dado la Ciencia y la Literatura de nuestro país hasta la fecha: Severo Ochoa tenía ahí su laboratorio, Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset se encontraban allí con frecuencia y Juan Ramón Jiménez paseaba entre sus jardines mientras hilaba rimas para sus poemas. Probablemente las paredes de la Residencia de Estudiantes contemplaron entre 1910 y 1936 el momento más brillante de la intelectualidad española del momento, la Edad de Plata de nuestra cultura, que se quebró con el golpe de estado del 36, la guerra civil y la posterior dictadura.

En este momento debo decirte que algo singular ha ocurrido en este texto que te ofrezco: de manera invisible, la cuarta capa de esta cebolla argumentativa se ha desplegado ante ti. Por supuesto, no puedes verla porque todo te parece «natural» en esta narración; se han elegido las palabras para que nada rechine y todo encaje, pero algo no es natural y está desencajado. No obstante, podríamos estar aquí todo el día y muy probablemente no verías esta cuarta capa, porque es invisible. Así pues, permíteme desvelar esta nueva capa de “Alicia en la Residencia”.

La capa invisible son las mujeres de la Edad de Plata. Piénsalo bien: Falla, Unamuno, Juan Ramón, Ortega, Lorca, Dalí, Buñuel. ¿Y dónde están las mujeres? Porque mujeres, como te puedes imaginar, había. Y eran importantes, cultas y tan geniales como estos compañeros masculinos que hemos comentado. Sin embargo, la larga mano de la Dictadura, aquella que ya mató a Federico en agosto del 36 e hizo desaparecer sistemáticamente al disidente y al diferente, también borró de la Historia a esas artistas y pensadoras que podríamos llamar “mujeres del 27″.

Por ese motivo, si me preguntas qué está en el centro de «Alicia en la Residencia», mi respuesta será que la capa central de la cebolla es el reto de conocer a mujeres que a principios del siglo XX en España se atrevían a hablar de igualdad y de libertad, de arte y de ciencia, como sus compañeros varones. Así, en «Alicia en la Residencia» encontrarás a Zenobia Camprubí Aymar, escritora, traductora y lingüista; a Margarita Xirgu Subirá, actriz y directora teatral; a María Teresa León Goyri, intelectual y escritora; a Concepción (Concha) Méndez Cuesta, editora, escritora, poeta, autora de teatro y guionista; a Josefina de la Torre Millares, poeta, novelista, cantante lírica y actriz; o, finalmente, a Rosa García Ascot, compositora y pianista española, discípula directa de Manuel de Falla, cuya obra aún permanece en su mayor parte inédita a pesar de su calidad.

Acabada la guerra, para muchas de estas mujeres el destino fue el exilio exterior, que las arrancó de su país, o el exilio interior, que las apartó de su vida profesional y artística. Pero incluso cuando regresaron, como muchas de ellas hicieron, la Historia les fue ingrata y sus méritos nunca han sido reconocidos plenamente. Es más, mientras sus compañeros coetáneos son bien conocidos como la «Generación del 27» (entre otras etiquetas elogiosas), hoy muchas de ellas empiezan a resonar como integrantes del grupo de Las Sinsombrero, popularizado a partir de un magnífico documental realizado por Tània Balló, Manuel Jiménez Núñez y Serrana Torres que te recomiendo que veas tan pronto como puedas. Es la doble invisibilización de la mujer en la historia de España, una ofensa que solo ahora estamos comenzando a reparar, demasiado lentamente, demasiado insuficientemente.

Y hasta aquí llega la metáfora de la cebolla, porque a partir de aquí comienza el territorio de la Reina de Corazones, que nunca aparece en escena en la obra pero que siempre está presente. En realidad, ese es el auténtico poder de la «Reina de Corazones»: el miedo que ella impone cala en nuestro interior, nos inmoviliza, nos bloquea, nos aísla, nos impide ver cómo luchar por nuestra libertad y por nuestras vidas, y así comienza su victoria, antes de haber golpeado siquiera.

Por este motivo, en este momento en que empiezan a resurgir «Reinas de Corazones» en muchos países, ahora que incluso en nuestro país resuenan sus pasos, en el país de Lorca asesinado en el Barranco de Víznar sin que nunca se haya podido dar sepultura a su cuerpo, ahora es más importante que nunca hablar de lo que ocurrió porque la memoria es la única manera de conservar lo que fuimos, pero también es la mejor herramienta para defender y fortalecer lo que amamos y lo que somos: un pueblo libre, culto, pacífico, tolerante y respetuoso con las diferencias y la diversidad.

Así pues, esta es “Alicia en la Residencia”. Ahora espero que te animes a leerla y a desarrollar el proyecto educativo que subyace en esta obra: puedes investigar acerca de la biografía de sus personajes, convertirla en radioteatro, intentar crear fan-fiction o un fanzine alrededor de esta «Alicia» o, por supuesto, llevarla al escenario y representarla. Estoy convencido de que «Alicia» te hará pensar y te ofrecerá un espacio literario para que desarrolles proyectos de aprendizaje creativos y críticos.

Sea como sea, aquí me tienes sin quieres contar conmigo para tu proyecto educativo o para tu representación teatral. Cuéntame, por favor, qué te ha parecido «Alicia en la Residencia» si finalmente te animas a leerla y cómo piensas llevar a cabo tu proyecto educativo. Si te animas a contármelo, yo te contaré qué estoy haciendo también por mi parte porque a partir de septiembre comenzaré a dar vida a «Alicia en la Residencia» con la Hermandad del Teatro, como ya hicimos con FlamenkOz.

¿Te animas a acompañarme?

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