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Casi 20 años de competencias básicas: un estado de la cuestión con algunas claves en torno a la tecnología y el aprendizaje de lenguas

Escribo estas líneas en Barcelona. Me da mucha alegría estar escribiendo porque hacía ya bastante tiempo que no abría mi blog – entre otras cosas porque mi amigo Ángel Moreno y su fantástico equipo de Si2 han tenido que emplearse a fondo para recuperarlo tras un crackeo consumado que convirtió mi web en un casino durante algunos días: ¡qué cosas!

El motivo de estar en Barcelona es poder asistir, como asistente y como aprendiz, al EdTech Congress Barcelona 2025. Tras el primer día de congreso puedo deciros que ha sido una experiencia fantástica, tanto en lo social como en lo «intelectual»: muchas caras amigas, mucho conocimiento, mucho pasillo amable, muchos reencuentros con personas a quien admiro y quiero.

Mi rol hoy ha sido presentar una ponencia que, a priori, puede parecer extraña: un balance de los últimos veinte años desde la perspectiva de las competencias básicas. Sin embargo, si os digo que el EdTech Congress Barcelona ha estado centrado en la idea de «futuros de la educación» y en la evaluación como eje de mejora del sistema educativo, entonces ya hablar de competencias básicas no parece tan extraño… en mi opinión.

Obviamente, el arranque de mi ponencia ha sido plantear un balance sobre el éxito o fracaso de las competencias básicas. Básicamente mis argumentos se pueden resumir en dos ideas clave: por un lado, el discurso de las competencias básicas sí ha permitido una experimentación valiosa y exitosa en muchos centros educativos, pero no una transformación sistémica como se esperaba; por otro lado, existen razones históricas (crisis del 2008, fracaso de los Pactos de Estado por la Educación, crisis del COVID-19, final del espíritu de la Escuela 2.0 y auge del negacionismo pedagógico,…) que nos permiten comprender porque hay una cierta sensación de fracaso en torno a las competencias básicas.

Sin embargo, el camino para conseguir que nuestro sistema educativo se convierta en una palanca para que nuestro alumnado desarrolle unas competencias básicas sólidas y variadas es también conocido: dar a la agencia y la capacidad de acción del alumnado su necesario espacio en la escuela, sin que esto implique abandonar el «saber» o nada parecido.

Como ejemplo he podido presentar una clave fundamental (e indiscutible hoy) de la didáctica de lenguas: además de ciertos factores psico-sociales, los seres humanos aprendemos lenguas como resultado, esencialmente, de hacer el esfuerzo de entender (recepción de un input comprensible) y el esfuerzo de comunicarnos (producción de un output comprensible). Para ello debemos articular como docentes dos tipos de tareas de aprendizaje: tareas sociales y tareas pedagógicas. Sin las primeras, no se produce una adquisición efectiva de la competencia comunicativa; gracias a las segundas, ganamos en precisión comunicativa y se minimizan los errores y posibles malentendidos. En todo caso, ambas son necesarias y permiten un desarrollo equilibrado de la competencia en comunicación lingüística.

Para llevar a cabo estas tareas, sociales y pedagógicas, contamos hoy con múltiples herramientas digitales, la IA una de ellas. En la ponencia hemos podido centrarnos, por cuestiones de tiempo, en el potencial de la IA para la mejora de la escritura y la oralidad, además de su uso para proporcionar feedback a los aprendices. Es más, en aprendizaje de lenguas podríamos afirmar que ya no existe aprendizaje no-digital, pues todo aprendizaje está mediado, de una u otra forma, por la tecnología.

En resumen, es importante hacer un análisis sereno de cuál ha sido la evolución de la implantación de las competencias básicas en nuestro sistema educativo. Es muy probable que no hayamos sido capaces de hacer de las competencias una innovación incremental que se asentara poco a poco en nuestros centros educativos, sin entender que los cambios en educación son lentos y graduales. Sin embargo, el tiempo de la educación aun no ha acabado y, si aprendemos de los errores y nos apoyamos en las fortalezas del sistema, puede que todavía no nos hayan caducado las competencias y podamos ofrecer a nuestro alumnado una escuela para la vida y no solo para la Academia, con todo lo importante que esto nos pueda parecer.


Si quieres echar un vistazo a la presentación que usé durante mi ponencia, la tienes disponible en mi espacio en DIGIBUG, el repositorio institucional abierto de la UGR donde alojo toda mi producción científica.

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