Red de formación: notas sobre formación permanente del profesorado con motivo del XXX aniversario del CEP de Algeciras-La Línea

Congresos y Jornadas, Formación permanente del profesorado

Los Centros del Profesorado andaluces cumplen treinta años. A finales de los años ochenta un profesorado altamente concienciado y preocupado por la necesidad de disponer de recursos y espacios para su propia formación promovió la creación del primer CEP andaluz, el CEP de Motril, y ahí comienza una historia que corre paralela a todos los cambios importantes de la escuela andaluza: la promulgación de la LOGSE (y la LOE y la LOMCE), la incorporación de las TIC, la puesta en funcionamiento de las ATAL y las medidas de interculturalidad, la promoción del plurilingüismo, la atención a la diversidad o la llegada de las competencias son, entre otras, algunas de las cuestiones que no se entenderían sin la participación activa de los Centros del Profesorado.

El resultado de ese camino compartido por la escuela y los CEP nos permite afirmar sin rubor (y con datos) que, gracias al esfuerzo de toda la sociedad andaluza y de su profesorado, Andalucía ha sabido avanzar en Educación y lo ha hecho más claramente que en otros campos como la industrialización o el desarrollo tecnológico. Sí, has leído bien. Creo firmemente que hay razones para afirmar que ha habido un avance sostenido y claro en Educación en Andalucía, mucho mayor de lo que era previsible hace treinta años, cuando nacieron los CEP. Es más, creo que es importante reconocerlo y felicitarnos por haberlo conseguido.

Sin embargo, no tiene tampoco ningún sentido engañarnos con el traje nuevo del emperador. Quedan cosas muy importantes por hacer y muchas compañeras y compañeros, e incluso la inspección, las están señalando: exceso de burocracia y falta de personal de administración, equipos directivos saturados, empeoramiento de las condiciones laborales, acceso reducido y desigual a la Educación Infantil de 0-3 años, alta tasa de fracaso y abandono escolar, etc.

En mi opinión, el principal problema al que nos enfrentamos sigue siendo la desigualdad. La escuela no tiene los mecanismos para evitar la desigualdad socioeconómica y el impacto de esta sobre el aprendizaje es innegable y difícil de superar exclusivamente por medios educativos (aunque la Educación sí es parte de la solución). Esta brecha socioeconómica, que comienza a segmentar gravemente nuestra sociedad, amenaza también con romper la escuela en “muchas escuelas distintas” según el perfil de su alumnado. Un círculo vicioso del tamaño de una tormenta perfecta se cierne sobre nosotros.

¿Qué podemos hacer ante esta realidad? En mi opinión, la única respuesta honesta posible por parte del profesorado es apuntalar nuestra profesionalidad: más conocimiento, más experiencia, más reflexión, más prudencia, más generosidad. El profesorado no es responsable de la desigualdad socioeconómica pero sí puede ser parte de la solución de la desigualdad educativa.

En esta situación los Centros del Profesorado pueden ser, como afirma mi amigo Manolo Galiano, “instituciones próximas que facilitan al profesorado una participación real en el diseño, gestión y evaluación de su propio sistema de formación.” No es formación para el profesorado lo que necesitamos, sino formación y desarrollo profesional del profesorado tomando como referencia, principalmente, su propia práctica y las prácticas de otros docentes para lanzar sobre ellas una mirada reflexiva tan informada (mediante la lectura de textos de calidad) como críticaconstructiva.

En este sentido los docentes, una vez más, como en los años ochenta, le están señalando a la Administración por dónde tiene que avanzar: EABE, Innobar, Pint of Science, Observa-Acción, La Semana de los Proyectos o los MOOC son, entre otras, estrategias exitosas basadas en el principio de compartir para aprender. En todo caso, muchas de estas iniciativas están marcadas por la horizontalidad, la voluntad de innovación en los formatos, el rechazo al ponente y al gurú, el compromiso por llevar a la práctica lo aprendido (transferencia de conocimiento, como decíamos en una entrada reciente) y, en general, por el deseo de ir más allá del esquema clásico de los cursos, las ponencias y los seminarios que han conformado buena parte de las programaciones de los centros del profesorado en todo el país.

Para ello, evidentemente, necesitamos un perfil nuevo de asesores y asesoras. El principal activo de las asesorías es la credibilidad y esta se construye desde el conocimiento y la experiencia: necesitamos asesoras y asesores que dominen los contenidos y los procesos de la enseñanza así como las estrategias de la formación en contextos laborales; asesoras y asesores que tengan capacidad para la divulgación y para la investigación; asesoras y asesores que creen y curen contenidos de calidad a partir de una identidad digital (y analógica, obviamente) poderosa; necesitamos personas y equipos que tengan destrezas interpersonales y capacidad para el trabajo colaborativo. Necesitamos asesores y asesoras que no estén sometidos, también ellos, a la burocracia – absurda en muchos casos – sino que dispongan de tiempo para su formación personal, para el estudio, para la reflexión, para la observación en el aula y para la visita a centros e instituciones a partir de los cuales puedan transferir conocimiento a sus propios centros de referencia. No necesitamos agencias de contratación de ponentes: necesitamos provocadores, catalizadores, promotores, motivadores.

Una red de formación tan importante como es la red de formación andaluza es un auténtico tesoro. Muchas comunidades autónomas han perdido ese tesoro porque desde ciertos planteamientos políticos no se ha entendido que un profesorado bien formado es absolutamente necesario para una escuela de calidad, y también – por supuesto – para una escuela que esté dispuesta a confrontar la desigualdad educativa. Andalucía no ha cometido ese error: ahora el reto es pulir el diamante para que preste un buen servicio al profesorado y a toda la comunidad educativa. O también podemos ponernos el traje nuevo del emperador, asumir que todo marcha bien y que no hay necesidad de cambiar nada dando paso así a que sean otras instituciones, organismos o empresas quienes vengan a ocupar el espacio de la formación del profesorado con sus valores y prioridades, obviamente: a tiempo estamos de elegir.

Yo apuesto por una red de centros del profesorado de calidad. Es más, le deseo a la red andaluza de formación del profesorado un feliz cumpleaños y que cumpla muchos años más.


Aquí dejo la presentación que he usado hoy, en el acto del XXX aniversario del CEP de Algeciras-La Línea, mi centro, donde tanto he aprendido y con el que siempre he intentado colaborar con humildad y ganas de aprender. Agradezco a su dirección y a todo su equipo asesor que pensaran en mí para la ponencia del acto de celebración de su aniversario.

Enlazo también la entrevista que Juan Manuel Dicenta nos ha hecho a Andrés Lasry, a Ana Villaescusa y a un servidor con motivo de este aniversario y la participación de profesorado de Algeciras en Science on stage:

El texto de Manolo Galiano que cito en la entrada es el siguiente: Galiano León, M. 2009. “El asesoramiento profesional desde un centro de profesores. El análisis de la práctica” En L. M. Villar Angulo. Creación de la excelencia en Educación Secundaria, Pearson Educación.

Imagen:
Breather

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