En contra y a favor del Aprendizaje basado en Proyectos

ABP & proyectos, Destacadas, Educación, Reflexión

[El 14 de junio de 2017 Jaume Carbonell publicó el El Diario de la Educación un texto titulado Hay vida e innovación más allá del neoliberalismo. En este artículo Jaume Carbonell hace una serie de valoraciones acerca de los libros “Nos quieren más tontos” (El Viejo Topo, 2016) y de “Escuela o barbarie” (Madrid, Akal, 2017). En réplica a este artículo, Enrique Galindo, co-autor del segundo de los libros, publicó el día 21 de junio en el mismo periódico su texto Réplica a Jaume Carbonell. En esta réplica se dice: “En cuanto al ABP, sencillamente basta con leer a su máximo promotor en nuestro país, el sr. Trujillo Sáez, para percatarse de su trasfondo neoliberal y de por qué la LOMCE lo promueve fervientemente.” En este sentido, para que nadie se quede con la duda de qué pienso de la relación entre el ABP, el neoliberalismo, la LOMCE y otras cuestiones, recupero aquí dos entradas que publiqué en EducaconTIC, respectivamente en contra y a favor del ABP. Como cierre, añado un breve histórico de enlaces sobre mi opinión respecto a la LOMCE, por si alguien quiere revisarlos. Tras eso, se aceptan comentarios.]

Contra el Aprendizaje basado en proyectos

“La actualidad es la eclosión de las fuerzas impersonales que dominan el mundo e imponen lo que toca.” Josep Maria Esquirol. 2015. La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. Barcelona: Acantilado.

Y así, de repente, todo el mundo comenzó a hablar de Aprendizaje basado en Proyectos. No fue de la noche a la mañana, desde luego. Ha hecho falta más de un siglo desde los trabajos de Dewey o Kilpatrick en el contexto norteamericano o de Giner de los Ríos y de Bartolome Cossío en España pero finalmente podemos hablar de una importante presencia, aun minoritaria pero creciente, del ABP en el sistema educativo español.

Las señales están claras. Una lectura perspicaz de la normativa permite ver puertas y ventanas abiertas al ABP en los decretos de currículo y en una enorme variedad de órdenes e instrucciones emanadas de la Administración. En el ámbito de la formación, tenemos cursos, discretos y masivos, sobre ABP y los centros del profesorado no dan abasto a programar más ponencias y seminarios sobre proyectos. En un plano más social, todo tipo de premios reconocen el valor y las aportaciones de los docentes y los centros que hacen ABP y en las redes sociales es difícil no encontrarse cada día con un nuevo proyecto seguido de su correspondiente hashtag. Creo que podemos afirmarlo sin ambages: ha llegado la hora del #ABP.

¿Me hace esto feliz? Sí. Por un lado, creo que he contribuido humildemente a difundir y popularizar el ABP a través de diversas iniciativas, cursos, ponencias y publicaciones tanto en la red como en papel. Mi compromiso en los últimos años con el Aprendizaje basado en Proyectos ha sido total así que su actual popularidad debe hacerme feliz.

En la raíz de tal compromiso está el convencimiento de que ha llegado el momento de pasar del paradigma de los contenidos a un paradigma distinto, que bien podría ser el paradigma de la acción. La escuela no puede seguir siendo una institución dedicada a la doma y selección de menores con la memorización de contenidos como principal actividad. Esa escuela, hoy, es agente de frustración, desigualdad y fracaso: no contribuye a la felicidad ni presente ni futura de buena parte del alumnado, y la felicidad debe ser el objetivo de todo ser humano a lo largo de la vida – mal que le pese a algunos que prefieren hablar de esfuerzo cuando en realidad piensan en una escuela para unos pocos marcada por el sufrimiento o el aburrimiento.

Sin embargo, como dice Esquirol en la cita que abre esta entrada, lo que llamamos la actualidad no es un hecho fortuito sino más bien una eclosión. Como he dicho anteriormente, ha llegado la hora del ABP… ¿pero se debe a que esas fuerzas impersonales que dominan el mundo han decidido que así sea?

Hay señales que debemos analizar y que provocan mis sospechas. Sobre todas ellas, el hecho de que el ABP esté siendo tan bien recibido por todo tipo de perfiles ideológicos, tanto desde la perspectiva de los centros como de los docentes y otros agentes externos (administración y otras instituciones públicas y privadas), me hace pensar que parece una herramienta neutra ideológicamente cuando en realidad lo que ocurre es que encaja bien en el marco ideológico imperante.

Diversos autores han señalado esta posibilidad. Así, Richard Sennett (2006) ve en los proyectos el elemento que sustituye al puesto de trabajo en la nueva economía flexible. Dado este paso, Christian Laval (2004), quien analiza en su libro La escuela no es una empresa cómo la ideología neoliberal ha ido ocupando la escuela pública de manera absoluta, afirma, citando a Danièle Blondel, lo siguiente:

“Hay una manera muy sencilla de lograr que los enseñantes accedan a esta cultura de empresa, que consiste en impregnarlos con la idea de proyecto en la medida en que la empresa moderna se define esencialmente por esta noción. El término empresa ¿no es acaso sinónimo de realización de un proyecto? Igualmente para la OCDE, la pedagogía del proyecto se presenta como el mejor aprendizaje de la empresa”.

¿Puede, por tanto, el ABP ser la estrategia formativa para el nuevo capitalismo – en palabras de Richard Sennett – como la instrucción directa lo fue para la economía industrial? Entiendo que así puede ser: el ABP encaja con el marco cultural e ideológico del nuevo capitalismo y eso explica su actual popularidad y su más que probable establecimiento como metodología imperante en los sistemas educativos de las sociedades “avanzadas”.

La pregunta que resta por hacer es si el ABP, además de ser una herramienta del nuevo capitalismo, puede ser algo más: ¿puede el ABP ser una estrategia de emancipación y para la búsqueda de la felicidad? Pienso que sí pero no será fácil y tiene que darse las cuatro condiciones que señala Esquirol en el libro que comenzamos citando: toma de conciencia, memoria, esperanza y acción.

Así pues, si haces ABP te hago abiertamente cuatro preguntas. En primer lugar, ¿sirven tus proyectos para tomar conciencia de las estructuras de dominación a las cuales estamos sometidos y sobre las consecuencias de tal dominación? Si te preguntas cuáles son esas estructuras de dominación y sus consecuencias, te recomiendo que leas, entre otros, a Byung- Chul Han y su libro La Sociedad del Cansancio, donde explica cómo nos hemos convertido en sujetos de rendimiento que se autoesclavizan hasta la extenuación – como también logramos hacer con nuestros estudiantes hoy en la escuela.

En segundo lugar, ¿sirven tus proyectos para lanzar la mirada atrás y adelante para comprender de dónde venimos y hacia dónde vamos? Si el proyecto no permite a los estudiantes empoderarse a través del conocimiento – lo cual implica lectura, reflexión, diálogo, discrepancia y debate sereno e ilustrado -, entonces tus proyectos están vacíos de contenido relevante por muy sorprendentes y atractivos que parezcan.

Y en tercer y cuarto lugar, ¿sirven tus proyectos para despertar la esperanza en nuestra capacidad de transformación de eso que llamamos realidad y que no es más que una construcción social?¿Demuestran tus proyectos a tus estudiantes que es posible el cambio y que el futuro no puede ni debe estar determinado, por muy difícil que parezca abandonar el individualismo, conciliar voluntades, pensar en el bien personal como un elemento del bien común y disponernos para la acción transformadora? Si es así, ese ABP es emancipador y merece la pena; si no es así, estarás preparando buenos trabajadores para el nuevo capitalismo pero puede que no estés preparando ni buenos ciudadanos ni buenas personas.

En conclusión, ha llegado la hora del ABP pero ahora tenemos que conseguir repensarlo para se convierta en una estrategia de emancipación y de transformación de la sociedad. Hemos dicho en repetidas ocasiones que el ABP contribuye a promover un aprendizaje memorable para el alumnado; ahora es necesario que consigamos que el ABP sea también una experiencia memorable para toda la sociedad: la reforma pendiente no consiste en cambiar la escuela, consiste en cambiar la sociedad.

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1 Sennett, R. 2006. La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Barcelona: Anagrama

2 Laval, C. 2004. La escuela no es una empresa. El ataque neoliberal a la enseñanza pública. Barcelona: Paidós.


A favor del Aprendizaje basado en proyectos

Parece fácil: entras en clase, te miran, les hablas, das instrucciones, crees que conocen a través de ti, que aprenden gracias a ti y así avanza la clase; al final dejas un hilo pendiente (“lo vemos mañana”, “lo hablamos mañana”) para unir una hora con otra, un día con otro, y, entonces, te marchas. Ahí acaba todo. Simple, ¿verdad?

No lo es. Tu manera de entrar crea una atmósfera más o menos tensa. Tu manera de mirar establece relaciones de empatía o de temor. Tu manera de hablar determina si solo tú tienes la palabra o si la cedes como una herramienta de construcción compartida de conocimiento. Tu manera de gestionar el aprendizaje puede ser colaborativa o competitiva, investigadora o dogmática, democrática o autoritaria. En educación todo cuenta, los pequeños detalles tanto como los grandes planteamientos.

Pongamos un ejemplo. En 2007 Antonio Zabala y Laia Arnau afirmaban lo siguiente:

“Una enseñanza basada en competencias es una nueva y gran oportunidad para que la mejora sostenida de la educación no sea patrimonio de unos pocos privilegiados.”

Yo lo creía así y aun lo creo profundamente: la escuela inclusiva, la que promueve la calidad y la equidad, surge del convencimiento de que la responsabilidad del sistema educativo consiste en conseguir que todo el alumnado desarrolle satisfactoriamente todas sus competencias básicas. Sin rebajas ni concesiones: todas las competencias para todo el alumnado.

Sin embargo, la sola presencia de las competencias en la ley no cambia nada. Si no hemos cambiado nuestra manera de enseñar tras la llegada de las competencias, ¿por qué las competencias por si solas van a suponer un cambio significativo? O, incluso más grave, si nos dedicamos a tejer absurdas unidades didácticas integradas como si fueran grandes tapices de naturalezas muertas, que solo existen sobre el papel pero que no han provocado ninguna transformación en la práctica más allá del aburrimiento de unos y la confusión de otros, ¿por qué van a ser las competencias una clave para “la mejora sostenida de la educación” para todos?

No, no puede ser así. Es necesario encontrar otra vía.

El 5 de junio de 2016 falleció Jerome Bruner. Su vida centenaria y su trabajo dentro de la Psicología, las Ciencias Sociales y la Educación le hacen merecedor de un lugar entre los grandes pensadores y pensadoras humanistas del siglo XX y comienzos del XXI. Su obra rebosa imaginación, rigor, compromiso y esperanza: sus libros nos dicen constantemente que podemos construir un mundo mejor a través de la Educación a pesar de todas las dificultades y de la complejidad de la tarea.

En su libro La educación, puerta de la cultura, Bruner se pregunta cuáles pueden ser las claves de la construcción de la identidad y señala, en concreto, dos elementos: la agencia y la auto-estima. Ser capaces de hacer y querernos por ello está en la base de nuestra identidad y de ahí Bruner infiere que

“si la agencia y la estima son centrales en la construcción de un concepto de Yo, entonces las prácticas ordinarias de la escuela deben examinarse desde la perspectiva de qué contribución hacen a estos dos ingredientes cruciales de la persona.”

Así pues, aquí tenemos un filtro adecuado para valorar las diferentes formas de enseñar: ¿cómo contribuye tu manera de enseñar a la construcción de la identidad a través de la agencia y la estima?¿Qué tipo de identidad contribuye a crear tu manera de enseñar?¿Son todas las maneras de enseñar iguales? Para esta última pregunta el mismo Bruner nos da la respuesta: no, existe “una miríada de formas de anti-escuela como proveedora de agencia, identidad y auto-estima.” Y, de manera más concreta,

“En la mayoría de las materias en las que hay que llegar a dominar un tema, también queremos que los aprendices alcancen un juicio sensato, que lleguen a confiar en sí mismos, que trabajen bien unos con otros. Y tales competencias no florecen bajo un régimen de “transmisión” de dirección única.”

Quitémonos la venda: la transmisión de dirección única, imperante en nuestra escuela, no promueve ni una agencia poderosa ni una auto-estima estable y cálida y, por tanto, no son prácticas eficaces para la construcción de una identidad sana ni personal ni socialmente.

¿Qué nos queda entonces?¿Cómo podemos renovar nuestra manera de enseñar cuando la transmisión de dirección única, nuestra propia tradición, está siendo cuestionada? En realidad el error es considerar que nuestra tradición está siendo socavada: no tenemos que asumir la transmisión de dirección única como la manera natural de enseñar ni tampoco como necesariamente la mejor manera de hacerlo.

Quizás deberíamos leer a otros autores, aquellos que escribían para crear una escuela que nunca llegó, una escuela que fue abortada de raíz pero que alumbraba con una luz especial en un tiempo ya lejano. Así, en 1880 Francisco Giner de los Ríos decía en el discurso inaugural del curso 1880-1881 en la Institución Libre de Enseñanza:

“Transformad esas antiguas aulas; suprimid el estrado y la cátedra del maestro… Hacedles medir, pesar, descomponer, crear y disipar la materia en el laboratorio; … que descifren el jeroglífico, que reduzcan a sus tipos los organismos naturales, que interpreten los textos, que inventen, que describan, que adivinen nuevas formas doquiera… Y entonces, la cátedra es un taller, y el maestro, un guía en el trabajo.”

Un poco más tarde, en 1905, Manuel Bartolomé Cossío escribió:

“Rompamos, pues, los muros de la clase. Llevemos el niño al campo, al taller, al museo… Enseñémosle la realidad en la realidad antes que en los libros y entren en la clase sólo para reflexionar y para escribir lo que en su espíritu permanezca o en él haya brotado…”

Esa sí es una tradición que promueve la agencia y la auto-estima para la construcción de una identidad poderosa y equlibrada; esa es hoy la tradición que debemos asumir cuando nos entren dudas acerca de cómo nuestra enseñanza dibuja, junto con o frente a muchas otras escuelas y anti-escuelas, la identidad de nuestros alumnos y alumnas.

Y desde esa tradición es desde donde debemos reclamar el Aprendizaje basado en Proyectos (y otras propuestas complementarias como el Aprendizaje-Servicio, el Aprendizaje Cooperativo, el Aprendizaje basado en Problemas o en Retos, entre otras) como el punto de partida para la definición de la Nueva Escuela, aun siendo consciente de todos aquellos elementos que deben mantenernos alertas contra la ocupación del ABP por intereses espurios.

Una Nueva Escuela – crítica, reflexiva, experimental, investigadora, cooperativa, abierta, alegre – está surgiendo. El Aprendizaje basado en Proyectos es una de sus muchas manifestaciones y la principal señal de su éxito es la felicidad de muchos estudiantes y docentes ante su llegada. Hay voluntad de cambio y esta vez nadie podrá pararlo. ¿Por qué estoy a favor del ABP? Bien, estos son, por ahora, mis argumentos. ¿Cuáles son los tuyos?

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Antonio Zabala y Laia Arnau. 2007. Cómo aprender y enseñar competencias: 11 ideas clave. Barcelona: Graó, pg. 12
Manuel B. Cossío. 1905. “El maestro, la escuela y el material de enseñanza”. Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, nº 100, pg. 92.


Selección de textos publicados en este blog sobre la LOMCE

Imagen:
Dmitry Ermakov

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8 Respuestas a En contra y a favor del Aprendizaje basado en Proyectos

  1. David dice:

    Fernando, en primer lugar enhorabuena por el artículo y por las aportaciones que tanto nos ayudan a los maestros. Realicé el curso del INTEF sobre ABP y me ayudó mucho a abrir la mente en este sentido.
    Trabajo con niños de 6-8 años en un colegio con varias líneas y muchas veces dudo sobre cómo “programar-planificar” los Proyectos o cómo deben surgir, ya que es dificíl que con varias líneas todos los alumnos tengan los mismos intereses, si puedes orientarme un poco te lo agradecería.
    También me gustaría, si es posible, que me recomendaras algo de bibliografía relacionada con el ABP en PRIMARIA.

  2. Alexia dice:

    Buenos días, demasiadas vueltas, creo, para una metodología que en muchas escuelas del mundo se trabaja de manera natural, desde los años 80. Al menos en mi país de nacimiento, se estudia ABP en la universidad como una metodología más, en mi caso fue en el año 86. Vivo en España desde el año 2000, y me sigue sorprendiendo que aquí se haga un debate casi político, cuando se habla de las “nuevas” metodologías en la escuela. Hoy le toca al ABP…

    • ftsaez dice:

      Tienes razón, Alexia, aquí no lo tenemos “naturalizado” y no forma parte de nuestra manera “normal” de enseñar, pero eso no significa que no se pueda (¿se deba?) reflexionar sobre las implicaciones educativas e ideológicas de nuestra enseñanza. Creo que esa reflexión nunca sobra.

      En todo caso, te agradezco la atención y el comentario.

  3. Buenas; me han parecido muy interesantes las ideas que viertes en este artículo; en 23 años como profesor de secundaria he vivido varios intentos por parte de la administración para que cambiemos la metodología y la forma de evaluar. Puedo decirte que aún no he conocido a un solo profesor/a que trabaje basándose en ABP; aunque se ha intentado desde la administración que así sea, es tal la cantidad de trabajo que se exige al profesorado que se renuncia a ello. Te diré más, aunque la ley obliga a la evaluación por competencias, el porcentaje del profesorado que lo hace según la ley es mínimo. El motivo; el mismo. Si la administración sigue exigiendo papeleo y papeleo para justificar, metodología y evaluación, todo esto está condenado al fracaso. Supongo que habrá excepciones, pero dudo que a corto plazo dejen de ser eso, excepciones. Un saludo.

    • ftsaez dice:

      Estoy de acuerdo contigo, Javier: no se dan totalmente las circunstancias (curriculares y de condiciones laborales) para que se puedan desarrollar con facilidad proyectos de manera sostenible, durante largos períodos de tiempo, dentro del esquema convencional de funcionamiento de un centro. Sin embargo, esto no significa que no existan, aunque sean todavía minoritarios, proyectos en todas las materias, etapas y tipos de centros. Aquí puedes ver algunos ejemplos que he ido recogiendo estos últimos años: http://www.symbaloo.com/mix/abp-teoriaypractica

      Saludos

  4. Pere Josep Sastre Vaquer dice:

    Fernando, enhorabuena por tu artículo. Buena herramienta de reflexión que hace que te plantees el trabajo realizado en el ABP. En mi caso el artículo seguro que me ha servirá para intentar conseguir todos esos objetivos y contribuir a crear mejores personas y no solo buenos trabajadores. Ganas tengo ya de que empiece el curso para empezar a trabajar de nuevo. Muchas gracias por tu trabajo, excelente el curso que hice contigo en scolartic, me abriste las puertas al ABP y rompí barreras el curso pasado que nunca hubiera imaginado. De verdad, muchas gracias y enhorabuena.

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