Los pequeños detalles

Ella se levanta y enciende la calefacción para que, cuando su hija y su hijo se despierten, se encuentren la casa caldeada. Prepara el cola-cao, las galletas y, después, se asea y se viste. Primero despierta a la niña y con el calor del edredón en el cuerpo la viste. Después levanta al niño, que aún casi dormido desayuna muy callado. Cuando están listos, ella revisa las mochilas, zumo de piña para él, zumo de melocotón para ella, él hoy comerá fruta y ella un sandwich de pavo.

Salen corriendo hacia el colegio y en el camino tiene tiempo de dar los últimos consejos a los dos niños adormilados en el asiento trasero: “Pórtate bien en el cole. Presta atención a la seño. Cómetelo todo en el recreo. Espera en el patio hasta que te recoja la abuela.” Al llegar al colegio, se despide de ellos con un beso y sigue corriendo: también a ella la espera una clase, su pizarra y treinta futuros sentados en filas. Ella les enseña a mirar, a sentir el color, a ver la línea, a pensar en formas, a moverse del plano al volumen y viceversa.

A las tres regresa a casa y empieza la sesión de tarde. Ya tiene lista la libreta de inglés, la ropa para ballet, la merienda del pequeño e incluso el pescado de la cena está esperando en la nevera para que por la noche, tras el baño, los niños puedan acostarse pronto. Un cuento y un beso cierran el día. Hasta mañana, cariño, que tengas buenos sueños.

Escribo esta entrada sentado con ella, trabajando los dos, muy tranquilos. Me gustaría enseñársela pero hoy no es un día para más emociones. Aunque ella no lo dice, sé que está nerviosa y no quiero preocuparla. Mañana, cuando regrese a casa, podrá leer esta entrada, que es mi forma de decirle que la quiero y que la admiro, que gracias a sus cuidados, su generosidad y sus detalles todos somos felices. Y que la necesitamos.

Hasta entonces, salud.

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