Un pacto por la educación

Educación, Reflexión


La llegada al Ministerio de Educación de Ángel Gabilondo reavivó la idea del “pacto por la educación”. La principal finalidad de este “pacto” es dar respuesta a la necesidad de llegar a acuerdos que permitan a nuestro país ofrecer una educación de calidad, aunar los esfuerzos y los recursos de las administraciones estatales, autonómicas y locales (estas últimas son siempre las grandes olvidadas), así como conciliar la participación de los docentes y profesionales de la educación, las familias y los estudiantes. Como intención oculta se esconde la idea de dar estabilidad al sistema educativo, en apariencia sacudido constantemente por continuos cambios legislativos (tengo una teoría personal que dice que no ha habido tanto cambio, sólo un lento cambio – que ha costado muchos esfuerzos personales y colectivos y que tiene, como todo movimiento, fases de aceleración y de desaceleración – desde la escuela franquista hasta lo que hoy tenemos).

Como muchas de las grandes ideas, es difícil no estar de acuerdo con la propuesta de pacto. Así, incluso sectores en principio alejados de las propuestas de un ministro de un gobierno socialista saludaron con beneplácito la llegada de Gabilondo y sus propuestas de pacto. Entendernos y llevarnos bien son dos aspiraciones humanas sanas y comprensibles.

Sin embargo, no es fácil llevar a buen término el pacto por la educación por una sencilla razón: la Educación es uno de los terrenos de juego (o uno de los campos de batalla, como prefieras) de la construcción ideológica del individuo y de la sociedad. La Educación no es nunca neutral sino que está vinculada a formas de entender las relaciones personales (por ejemplo, coeducación, educación mixta, educación segregada,…) y las relaciones sociales (itinerarios, compensación educativa, escuela inclusiva; centros públicos, centros privados concertados, centros privados). La Educación no es el umbral de la sociedad ni una especie de útero pre-social en el cual los chicos y chicas se mantienen libres de influencias externas; la Educación está dentro de la sociedad y está sujeta a sus tensiones. La Educación es Política y me cuesta creer que se dejará de hacer política con la educación.

Por ello, cuando se va más allá del enunciado “pacto por la educación” y se empiezan a definir las cuestiones a pactar, es cuando llegan los problemas. Por ejemplo, en el blog “Creemos en la educación“, Luis Centeno, abogado de Escuelas Católicas, planteaba hace un tiempo que ante el pacto debemos aprender de los errores pasados:

…aprendamos de los errores pasados. Tanto internos como externos. Uno de los principales responsables del diseño y puesta en funcionamiento de la LOGSE señaló hace años que para estar de vuelta, era necesario haber ido previamente. Sin embargo, los países más desarrollados nos pueden mostrar qué caminos pedagógicos son negativos sin que tengamos nosotros que sufrirlos inútilmente. En este sentido es importante conocer el regreso en dichos países de principios y métodos denostados, como la ampliación de calendarios y jornadas escolares, la educación diferenciada, la autoridad del profesor, el reconocimiento público de los méritos académicos de los alumnos, el valor del esfuerzo personal, la estrecha relación familia-escuela, el valor de la integración escolar siempre que se realice con medios personales y adecuados para ello, la conveniencia de itinerarios formativos en función de las capacidades y expectativas de los alumnos, etc. Y, por último, el sistema educativo mejorará si creemos firmemente en la autonomía de los centros y la apoyamos.

Desafortunadamente, el autor del post no cita sus fuentes (¿a qué países más desarrollados se refiere?¿dónde se describen los cambios que menciona?) ni tampoco especifica – suponemos que por la brevedad propia de un blog qué significan algunas de las propuestas que realiza (¿educación diferenciada?¿itinerarios formativos en función de las capacidades y expectativas?) aunque algunas recuerdan ciertas propuestas de la LOCE.

En todo caso, ¿pueden ser éstas las bases para un “pacto por la educación”?¿Estaríamos todos de acuerdo? No lo sé; evidentemente, no tengo yo la solución para este “pacto por la educación”; espero que cabezas más lúcidas que la mía puedan llevarlo a cabo para beneficio de todos nuestros alumnos y todas nuestras alumnas.

Pero sí quiero pedir un deseo: que además del pacto haya diálogo, y que este diálogo sea público y transparente; mostremos todas las cartas y elijamos la mejor jugada: la que incluya a todos, la que capacite a todos, la que nos una a todos, la que de felicidad a todos. Si nos acercamos a estos objetivos, estaremos ganando la partida.

Salud

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Una respuesta A Un pacto por la educación

  1. · dice:

    A día de hoy, no entiendo porqué los políticos tienen que hacer un Pacto por la educación que no incluya como primer acuerdo la salida de los políticos, de ello-as mismos-as, de la Administración educativa donde deberían estar los y las mejores tecnicos-as, con un sentido claro del servicio público, muy por encima del sectarismo puestista en que se está convirtiendo la militancia hoy. Las decisiones que se toman en los puestos que existen para ello no pueden estar pervertidas por preferenias partidistas.

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