Sin música, ¿hay educación? Ponencia en #ConEuterpe15

Congresos y Jornadas, Educación

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La amistad me ha permitido en varias ocasiones adentrarme en el mundo de la Educación Musical. Por un lado, mi amiga Andrea Giráldez ha tenido a bien invitarme a participar en diversas publicaciones suyas en las cuales he escrito sobre ABP y educación musical o sobre tecnología y educación musical; por otro lado, mi compañero José Luis Aróstegui me ofreció escribir, junto a Juan J. Carmona, en un monográfico sobre “La música en Educación Primaria“. En todos los casos he disfrutado pensando y leyendo sobre la relevancia de la Educación Musical en nuestro sistema educativo así que cuando mi amigo Antonio Calvillo me llamó para honrarme con la inauguración del II Congreso Nacional de Educación Musical, no me lo pensé ni un segundo: me complace sentir que formo parte de esta comunidad.

Mi punto de partida es un clásico: Plutarco. Con Plutarco y su Cómo sacar provecho de los enemigos pido calma a la comunidad de la Educación Musical e incluso que aprovechemos los ataques del “enemigo” (que, increíblemente, es la propia patronal de la educación pública, es decir, el Ministerio de Educación y las Consejerías de Educación de las comunidades autónomas) para conocernos mejor y hacernos más fuertes.

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En mi opinión, la Administración educativa contribuye a formar lo que Byung-Chul Han llama “sujetos de rendimiento”. El neoliberalismo se ha apropiado de las tecnologías del yo (en términos de Foucault) y nos ha convencido para convertirnos en “empresarios de nosotros mismos”, lo cual genera una “relación de autoexplotación” (y una auténtica sociedad del cansancio): somos nuestros propios dueños esclavistas. En este sentido, la sociedad neoliberal ha generado diversas estrategias para provocar una búsqueda infinita de la excelencia, que en el ámbito laboral pretende una producción sostenidamente mayor y en el ámbito educativo está ligado con la superación de constantes evaluaciones calificadoras (internas y externas) en competición con el resto de los estudiantes.

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Para romper con La sociedad del cansancio (Pensamiento Herder), el filósofo Byung-Chul Han nos plantea servirnos de lo inservible, sustituir el pensamiento del trabajo por el pensamiento del juego. Precisamente, Johan Huizinga nos plantea que juego y música comparten las mismas raíces semánticas en muchas lenguas, así que la opción por el pensamiento del juego es una vía adecuada para llegar a la música y encontrar, con Nuccio Ordine, la utilidad de lo inútil: la música en la escuela puede ser un antídoto contra la construcción del sujeto de rendimiento pues despierta, desde su aparente inutilidad y su creación de un espacio para la atención, la escucha y la creatividad, una clave para una vida plena y para el auténtico aprendizaje: la curiositas.

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Precisamente ahí surge la coincidencia con la filósofa Marina Garcés: de igual modo que la música despierta la curiositas, Marina defiende que el sentido de la educación crítica hoy es dar(nos) que pensar. Sin embargo, Marina defiende que esta actividad crítica ocurre dentro de páginas saturadas de significados tras siglos de educación para la dominación y la construcción de sujetos de rendimiento. Precisamente por esta razón, la actividad de dar que pensar es más probable que surja de los márgenes de la página, donde habita la música, que del cuerpo del texto, opresivamente saturado por los contenidos de las materias curriculares densas. Es decir, la música puede ser un agente disruptivo lanzando su actividad desde los bordes hacia todo el sistema educativo aunque para ello tenga que soportar, como ya lo hace, el confinamiento, la marginalización y la neutralización por parte del poder neoliberal.

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Evidentemente, para ello la Educación Musical no puede caer en la trampa de la performatividad, la productividad y la eficacia. Su espacio está junto al juego, la fiesta y la experiencia compartida y precisamente desde allí es capaz de irradiar la energía necesaria para cumplir con sus dos funciones principales: la mejora de la vida y el fomento de una actitud crítica. La primera pasa por la co-implicación en el espacio social común y en el espacio mental/cultural común; la segunda supone el desarrollo de la capacidad de juicio autónomo y crítico en relación con la música pero transferible desde esta al resto de los aspectos centrales de nuestra vida.

En definitiva, no solo no hay una educación plena sin la música sino que nuestro futuro en común depende en buena medida de la música y otras actividades marginales que nos permiten comprender realmente qué sentido tiene nuestra vida y cómo podemos vivirla con más felicidad e intensidad. La música nos saca de la no-vida para acercarnos a la vida plena. Por ello…

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Salud


 

A continuación puedes revisar la ponencia completa de mi participación en Con Euterpe. Tus comentarios son siempre bienvenidos.

 

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5 Respuestas a Sin música, ¿hay educación? Ponencia en #ConEuterpe15

  1. […] Para romper con La sociedad del cansancio (Pensamiento Herder), el filósofo Byung-Chul Han nos plantea servirnos de lo inservible, sustituir el pensamiento del trabajo por el pensamiento del juego. Precisamente, Johan Huizinga nos plantea que juego y música comparten las mismas raíces semánticas en muchas lenguas, así que la opción por el pensamiento del juego es una vía adecuada para llegar a la música y encontrar, con Nuccio Ordine, la utilidad de lo inútil: la música en la escuela puede ser un antídoto contra la construcción del sujeto de rendimiento pues despierta, desde su aparente inutilidad y su creación de un espacio para la atención, la escucha y la creatividad, una clave para una vida plena y para el auténtico aprendizaje: la curiositas.  […]

  2. […] La amistad me ha permitido en varias ocasiones adentrarme en el mundo de la Educación Musical. Por un lado, mi amiga Andrea Giráldez ha tenido a bien invitarme a participar en diversas publicacione…  […]

  3. josé luis dice:

    Totalmente de acuerdo, Fernando: la finura de tus apreciaciones me reafirma en la creencia de que trabajamos para vivir que no al revés. Saludos y buen fin de semana.

  4. La música no sería posible sin el silencio, como tampoco la danza, la poesía, la narración, la pintura, la arquitectura ni cualquier otro arte o fenómeno que requiera del ritmo. Es decir, casi todos; porque el ritmo es el armazón de pautas y regularidades sobre el que transcurren los acontecimientos; es aquello que distribuye las acciones y las pausas en el espacio y el tiempo.
    Pero están sucediendo muchas cosas a la vez. Se están ejecutando infinidad de melodías con distintos ritmos, que no siempre se corresponden y que casi nunca están en armonía. El resultado suele ser una sensación confusa o contradictoria, en la que nuestros pensamientos discurren por un lado y nuestras sensaciones y sentimientos por otro. Aunque hay momentos en los que parece que todas las piezas casan, que cobran un sentido; hay momentos en los que el conjunto nos parece bello, sin que lleguemos a entenderlo del todo o podamos explicarlo con la razón.
    http://www.otraspoliticas.com/educacion/educar-en-el-silencio

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