#identidadesUdL: bi-conferencia inaugural

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El Congreso “Perverse Identities” al que asisto en la Universitat de Lleida comienza de una manera especial. El día de huelga que celebramos ayer ha obligado a los compañeros de la Universidad de Lleida a comprimir el programa de congreso en sólo dos días. Por ello no empezamos con una conferencia inaugural sino con dos: una ponencia a cargo de Josep Maria Terricabras y otra ponencia impartida por Francesco Remotti.

Josep Maria Terricabras comienza revisando cuatro sentidos de “identidad”: la identidad matemática, la identidad metafísica, la identidad psicológica y la identidad sociopolítica. Tras pasar rápidamente sobre las dos primeras (con cierta ironía en relación con la “identidad metafísica”), comenta el impacto de la obra de Galileo, Darwin o Freud para pasar finalmente a la identidad sociopolítica.

A partir de aquí comenta el carácter frágil y de permanente construcción de la identidad, remitiendo identidad al término identificación (lo cual se está convirtiendo en un lugar común a la hora de hablar sobre identidad en la postmodernidad). La identidad no es ni rígida ni estable, tenemos “identidades cambiantes”, “identidades influidas”.

A continuación, analizando la identidad sociopolítica, se refiere a la diversidad desde dos perspectivas diferentes: la diversidad desde la diferencia (sexo) y la diversidad desde la desigualdad (empleador-empleado). Una sociedad democrática debe aceptar todas las diferencias y luchar contra todas las desigualdades.

Pasamos ahora, sin pausa, a la conferencia de Francesco Remotti, que vincula identidad al concepto de semejanza. Comienza afirmando que la identidad es uno de los grandes mitos de nuestro tiempo, un concepto/palabra que da un “sentido de seguridad” pues parece garantizar nuestro reconocimiento, nuestra “reconocibilidad” y el reconocimiento es fundamental para la vida social.

El problema es confundir ese reconocimiento con la identidad. El ser humano requiere reconocimiento (de su existencia, de sus derechos) pero no se puede confundir esto con una “identidad” individual. Cuando se unen reconocimiento e identidad, nos encontramos ante una posibilidad problemática. El profesor plantea, por tanto, liberarnos de la “obsesión por la identidad”.

La identidad describe una realidad que no existe, es una ficción (citando a Hume) que imagina permanencia, definibilidad pero la realidad no es compacta, no es permanente. Además, la identidad produce una visión del mundo muy simple, empobrecida, basada en una dicotomía simplificadora: identidad-alteridad.

En este punto introduce los conceptos de coexistencia y convivencia. La coexistencia se basa en la no-interferencia y la separación, la tolerancia, el respeto y la reciprocidad. Pero la coexistencia es un equilibrio muy frágil que se basa en un concepto fundamental: el miedo. El terror a que el Otro entre dentro de nosotros, que la alteridad corrompa la identidad. (Y abre un paréntesis para decir cómo el miedo se promueve políticamente). Y el grado máximo de la identidad es la pureza, la ausencia de corrupción generada por el Otro: sin embargo, la pureza es una palabra tóxica y tenemos evidencias de los desastres que hemos vivido en nombre de esta “hermosa palabra”, la pureza de la identidad.

Propone ahora pasar de la identidad a la semejanza. Si la identidad es un mito, una mitología especialmente perversa cuando se une a la “pureza”, la ideología identitaria empobrece la realidad humana. Por el contrario, citando de nuevo a Hume, la primera de las relaciones humanas es la semejanza. La semejanza es siempre gradual, frente a la identidad, que es polar (eres/no-eres).

Finaliza su ponencia hablando sobre la política de la semejanza. Esta política no requiere simplemente reconocer la semejanza sino aumentar la semejanza, convertir al otro en mi semejante.



Han sido dos ponencias muy interesantes, con aspectos en común (la crítica a la identidad esencialista) pero también con importantes discrepancias. Ha sido interesante ver la interacción del filósofo Terricabras y el antropólogo Remotti, que justo al final entran en cierto debate sobre identidad y nacionalismo que podría haber sido estimulante poder haber extendido. Lo dejaremos para el siguiente congreso 😉

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