Ben Clark

Sobre el poeta Ben Clark a través del lector Ben Clark

Ben Clark es uno de los poetas más importantes en lengua española en la actualidad. Su obra es extensa y de calidad y ha recibido no solo numerosos premios, sino también los más importantes de nuestro país. Además, desarrolla una labor muy hermosa ayudando a poetas jóvenes como patrono de la Fundación Antonio Gala y participa en todo tipo de aventuras y proyectos relacionados con la poesía y la cultura. Todo esto es relevante, por supuesto, pero para mí lo fundamental es que es una persona maravillosa (culto, generoso y divertidísimo), a la cual admiro como escritor y quiero como amigo.

El pasado miércoles tuve la suerte y el honor de acompañar a Ben en la presentación de su último libro, Semiótica nuclear (Visor, 2026) en la librería Bahía de Letras. Si te gusta la poesía de calidad, te recomiendo este libro; si te interesa la comunicación, el lenguaje, el problema de la traducción, la ecología o, simplemente, el futuro de la Humanidad (lo cual debería interesarte, por razones obvias), entonces tienes que leer este libro urgentemente.

A continuación os dejo el texto que preparé para la presentación de Semiótica nuclear y del poeta Ben Clark… o no.

PS. Solo un apunte antes del texto. Todas las citas «entrecomilladas» pertenecen al libro Mecánica poética. Cómo leer y escribir poemas, también de Ben Clark, cuya lectura atenta recomiendo vivamente.


Hermanos y hermanas, buenas tardes.

Quiero empezar pidiendo disculpas. Hoy tendría que estar aquí con nosotros el poeta Ben Clark pero me ha pedido que le disculpéis: no ha podido estar aquí con nosotros. Entiendo vuestra decepción, a mí me ocurriría lo mismo. ¿Quién no querría conocer al poeta Ben Clark, autor de tantos poemarios, traductor, galardonado con los premios más importantes del mundo literario, patrono de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores? De veras que entiendo vuestra desilusión, incluso vuestro enfado, pero no ha podido ser. El poeta no ha venido.

Por el contrario, sí tenemos entre nosotros, permitidme anunciarlo, a Ben Clark, probablemente el mejor lector de los poemas del poeta Ben Clark. En realidad,

«Si acudimos a cualquier lectura poética podremos comprobar que la persona que lee sus poemas no es el autor o la autora, sino una persona que conoce todas las circunstancias que rodean la escritura de esos poemas y que, a veces, cuenta anécdotas divertidas o nos ofrece claves a los demás lectores futuros. ¡Y además se llama igual! Pero no es el autor, no es la autora.»

Eso afirma Ben Clark, el poeta, así que dad la bienvenida a Ben Clark, el lector, que nos hablará de Ben Clark, el poeta hoy ausente.

Es más, el lector Ben Clark se verá obligado en algunos momentos a lo largo de la tarde a realizar una performance arriesgada. Su cuerpo se verá poseído en ciertos momentos por un espíritu, que no es necesariamente el de Ben Clark poeta, sino más bien por algo que podriamos llamar “la voz poética de Ben Clark”. Lo notarán ustedes por algunos cambios sutiles en la voz, la gestualidad e incluso la expresión del rostro del Ben Clark lector. Por favor, esto es importante, si observan ustedes que el Ben Clark lector se encuentra poseído por la voz poética de Ben Clark y que comienza a declamar poemas del Ben Clark poeta, les ruego que escuchen con respeto y en silencio y que a la finalización de la lectura aplaudan con énfasis para que la voz poética cobre su recompensa y abandone, si acaso temporalmente, el cuerpo del Ben Clark lector.

Es más, si ocurre ese acto de apropiación corpórea, ustedes tienen un papel importante: serán ustedes los «lectores del futuro». Para aclararnos debo decirles que

«La voz poética es una voz imaginada (por el poeta o la poeta) que le habla al lector futuro en el poema.»

Es decir, tenemos hoy aquí, por un lado, al Ben Clark lector; por otro lado, a la Voz Poética («quien habla en el poema… que no es la persona que ha escrito el poema») y, finalmente, a ustedes, los Lectores Futuros, quienes tienen «la tarea de actualizar el poema» y permiten «que el poema dialogue con su presente y este diálogo, a su vez, le proporciona al poema una cantidad determinada de poder con el que puede llegar a modificar ese presente».

Es más, esta relación entre la voz poética y el lector futuro es el criterio de calidad para un buen poema, un “poema que funciona”:

«Un poema funciona cuando interactúa con la persona que lo está leyendo (y, sobre todo, cuando continúa interactuando con la persona más allá de su lectura)… Un poema funciona cuando el lector siente misterio, pero no se queda con dudas.»

Permítame ponerles un ejemplo de un poemario fundamental en la vida del Ben Clark poeta:

Hoy es domingo en casi todo el mundo.
Pero aquí, sin embargo, muere el miércoles,
porque aquí la semana está borracha.
Y en su ebriedad, a veces, se le ocurren
cosas estrafalarias, por ejemplo
supo que me dejaste un jueves frío,
un día sin anécdotas – aparte
de que tú me dejaras.
Y desde entonces siempre que se aburre
– y se aburre a menudo –
se entretiene conmigo transformando
cualquier mañana en miércoles, cualquier
radiante día nuevo en aquel día
en que sentí que el viento me miraba
un poco compasivo, cuando vi
– o eso me pareció – un gesto muy tuyo
en aquella mujer del restaurante,
la que no estaba sola.
Aquel miércoles
tan largo y tan espero que avanzaba
hacia el último jueves de mi vida.

Los hijos de la ira

Si ustedes han sentido el misterio y sienten que las palabras resuenan aun en su interior, entonces el poema, sea cual sea el tema que trata, ha funcionado.

Y digo sea cual sea el tema, porque el Ben Clark poeta escribe donde puede y sobre temas muy diversos, pero siempre hay un tema. Es más,

«Sin tema no hay poema. O al menos me parece muy improbable que pueda haberlo.»

Les pondré un ejemplo de poema donde hay tema; bueno, mejor decidan ustedes si hay tema, si hubo tema:

LA MECCANICA DELLE EMOZIONI

Dos cuerpos abrazados en un coche.
Dos cuerpos que se excitan
bajo los ojos fríos de los astros
y bajo la mirada de las gotas
limpias que se acumulan, silenciosas,
sobre el vidrio tintado.
Si pudiera volver a aquella noche
me diría tranquilo, compañero,
intenta estar tranquilo en esta espera,
te abruman los poemas, las preguntas,
tu losa adolescente de cartón.
Pero este coche es tuyo y es tu imperio,
y hay hambre en su mirada y en tus manos.
Cierra los ojos, quédate tranquilo,
sois jóvenes y hermosos
y la noche, a través del parabrisas,
vela la eternidad como una viuda.

Armisticio

Sin lugar a dudas, en este poema hay tema, hubo tema, pero también quedan dentro de nosotros preguntas tras la lectura, como imaginamos que el Ben Clark poeta también tenía dentro de sí preguntas: «Hay que escribir sin dudar, pero llenos de preguntas.»

LA POLICÍA CELESTE

Hay un patrón furtivo en la mecánica que promete presencias.
Las leyes más antiguas lo confirman:
Buscadlo porque existe.
Dios no habría permitido que fuera de otra forma.

Pero hablamos de un tiempo más antiguo que Dios.
Hablamos de la ley de los objetos
que se atraen, que chocan,
que se juntan y dejan, casi siempre, a otro cuerpo de lado.

Cada abrazo refuerza el teorema
y hace más triste el día;
cada beso confirma que hay un beso por dar, por recibir,
que flota solo entre el frío sin fin de las constelaciones.

¿Qué eres? ¿Dónde estás? ¿Cómo entender
si te hemos encontrado sin saberlo?

Y sí,
toda persecución conlleva un daño,
cada intento condena a los intentos y cada nueva fórmula
erosiona y amarga la esperanza.

Pero debo buscarte. Tenemos que buscarte.
Porque las matemáticas sugieren,
porque la poesía certifica
y sobre todo porque la noche es densa y negra
y las alternativas dan demasiado miedo.

La policía celeste

En el fondo, escribir es un acto racional enmarcado dentro de una posición irracional porque «Escribir un poema es contradecir al mundo, porque el mundo afirma que se puede seguir funcionando perfectamente sin otro poema tuyo.» Sin embargo, a pesar de esta contradicción fundamental

«Hay muchos motivos para escribir.»

Atendamos a uno de estos motivos:

ROSTROPOVICH

Decía Rostropovich
que uno antes de tocar las Suites de Bach
debía pedir perdón.

Lo que hago es parecido cada vez
que deseo tocarte y tú me dejas:
pido perdón por todos los poemas
que escribí describiendo este momento.

Los últimos perros de Shackleton

¿Qué mueve entonces al Ben Clark poeta a romper el silencio, a manchar la hoja de papel, a molestarse en pasar el sufrimiento de escribir un poema. La única respuesta que se nos ocurre es la voluntad de alumbrar un nuevo mundo. Realmente, «La construcción de un poema es la construcción de un universo en miniatura; un artefacto que convoca una inquietud, una pregunta (…) y una respuesta a esa pregunta, una satisfacción.»

Es decir, el poeta se somete al tránsito doloroso y al riesgo del fracaso con tal de iluminar mundos posibles a través de la palabra. La auténtica pregunta es «¿Cómo transforman los y las poetas estas palabras corrientes en obras de arte?» y la respuesta la ofrece el propio Ben Clark: «Como dice (Matthew) Zapruder, creando un espacio para las posibilidades del lenguaje.» Pongamos un nuevo ejemplo:

ÁRBOLES
No recojas la palabra.
Déjala en el suelo deja
que otros vayan a buscarla.
JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

Cuando a mí me explicaron la semántica
el viejo profesor nos dijo a todos:
«Quiero que se imaginen un gran árbol».
Y nosotros, que aún no conocíamos
el amor ni la pérdida, pudimos.

Y me imaginé un pino sin saber
si aquello estaba bien, si no sería
mejor haber pensado en otra cosa;
un álamo o quizás un alcornoque.

«¿Y usted en qué ha pensado?»
«En un pino, señor», dije afligido.
«¡Ah!», dijo el profesor, meditabundo.

Y entonces escalé para escapar
del profesor, del aula y de los ojos
huecos de la semántica. Subí
hasta sentir las ramas doblegarse,
hasta escuchar que el pino me advertía:
«No subas más, mejor hubieras hecho
imaginando un roble, vuelve, ¡vuelve!»

Pero yo no sabía de semántica
y ascendí hasta quedar en equilibrio,
a merced de cualquier idea o viento.

Y desde allí, por fin, los pude ver:

sonreían con miedo entre las copas;
sobre abedules, plátanos, sabinas,
magnolias, eucaliptos y secuoyas.

Y un errático punto allá en el suelo
hablaba de los árboles, del árbol,
de la significación y de otras cosas.

Pero nadie escuchaba sus palabras.

Armisticio

Para crear esos nuevos mundos posibles, el poeta cuenta con una serie de herramientas literarias históricas que el Ben Clark poeta, cuyo sentido del humor goza de muy buena salud, ha sintetizado en un acrónimo que nos da señales de su personalidad gastronómica. Según el Ben Clark poeta, hay siete recursos literarios básicos, entre muchos otros, recogidos en el acrónimo MARISCO: la metáfora, la aliteración, la rima, la imagen, la sinestesia, la comparación o símil y el oxímoron. Veamos un ejemplo de uso de algunos de estos recursos:

AZUL DE METILENO
Si has nacido en el mar sabrás que no es azul.
Sabrás que el mar refleja el cielo y todos
tus dibujos del mar están mal hechos.

Si has crecido en el mar sabrás que el sexo
en la playa es incómodo y que todas
las películas mienten de algún modo.

Si llevaste a tus hijos a la orilla
sabrás que el mar da miedo
y que en verdad es negro y es profundo.

Y si viejo has mirado el mar, el mar
azul de metileno,
sabrás de los desahucios de la mente.

Azul. Azul profundo.
Reflejo del reflejo de un recuerdo.

La policía celeste

En todo caso, un poema es una herramienta de cambio, un juego de causa-efecto impredecible pues la pretensión es elevada:

«Un poema es un instrumento que le permitirá al lector futuro hacer asociaciones mentales de conceptos que ayudarán a convocar la emoción.»

Y el poeta aspira a que esta emoción permita al lector futuro, aunque sea por un instante, ocupar otra posición en el mundo, mirar desde otro sitio, como también el poeta, o su voz poética, abandona su posición inmediata para escribir desde otro lugar. En concreto, el poeta afirma que «No escribimos desde arriba, desde una torre, no escribimos nuestra historia porque estamos por encima de los demás. Al revés: escribimos desde abajo, escribimos para contar la historia de los perdedores.»

LOS ROTOS
(con Anne Sexton)

Todas las divisiones son metira
salvo la que divide los cuerpos en dos
grupos incomprensibles entre sí.
Aquellos que se han roto y los que no.

Los rotos no pedimos demasiado:
que se nos quiera, sí,
que los que no han vivido la fractura
tengan paciencia
si mascullamos viendo las noticias
o hacemos el amor
con un poco de miedo.

Entenderás, entonces, ciertas cosas.
Por qué en casa las tazas no se tiran
y por qué a veces quiero
estar solo después de que suene un portazo.
Los ritos de los rotos, amor mío.
Ademanes que espero que no comprendas nunca.

La policía celeste

Esta presentación se encamina ya hacia el final de igual forma que

«Todo el poema debe trabajar hacia su final.»

Ahora os dejaré con el lector Ben Clark, que nos permitirá conocer el último libro del poeta Ben Clark. Os recomiendo que le prestéis atención.

Semiótica nuclear es uno de los poemarios más interesantes, hermosos, sugerentes y dolorosos que he leído nunca. Si estuviera aquí el poeta Ben Clark, quizás me atrevería a decirle que me parece el mejor de sus poemarios, al menos hasta la fecha porque todos habitamos universos semióticos, pero ¿qué ocurriría si el signo y la palabra dejaran de tener sentido y no existieran los traductores? ¿Cómo entender nuestras propias señales de advertencia ante los riesgos presentes y futuros? ¿Cómo evitar el apocalipsis cuando todos habitamos nuestra propia campana semiótica y semántica y se interrumpe la intercomprensión? ¿Podría el poeta ser el último mediador, creador de imágenes y de un nuevo alfabeto que nos permitan sobrevivir?

Con todos ustedes, Ben Clark leyendo poemas del poeta Ben Clark. Un gran aplauso…

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