Desde los Jameos

Congresos y Jornadas, Destacadas

Recientemente tuve la suerte de participar en el Congreso INEDUCA, como ya os conté en una entrada anterior. Al hilo de mi asistencia a este congreso, donde tanto disfruté con las compañeras y compañeros de Canarias, el CEP de Lanzarote me hizo una entrevista que podéis encontrar en su revista Jameos, y que transcribo a continuación. Al mismo tiempo os animo a leer la revista, donde podréis encontrar una rica y variada selección de artículos escritos por docentes canarios.

Gracias desde aquí a la organización del Congreso INEDUCA y al CEP de Lanzarote por su cariño hacia mí.


Revista Jameos

El aprendizaje basado en proyecto es una metodología que tiene tiempo, y que está probada su eficacia y beneficios. ¿Por qué cree que todavía hay tanto profesorado que no la usa o lo usa como algo muy puntual?

Efectivamente, el Aprendizaje basado en Proyectos tiene tanto tiempo que ya en los años veinte y durante la II República encontramos textos que hablan del ABP y experiencias que lo ponen en práctica en nuestro país. Sin embargo, como tantas otras propuestas de aquella época, el ABP y las metodologías activas fueron otra víctima más del repliegue ideológico y educativo tras la Guerra Civil. Esta es la razón que hace que cuando se recupera la democracia en España haya muchas propuestas educativas (no solo el ABP, sino también la coeducación, el aprendizaje por descubrimiento, el aprendizaje manipulativo y otras) que nos resultan extrañas.

Esta es, por tanto, la primera razón por la cual aún vemos el ABP como una novedad: en Educación todo cambia lentamente y aún estamos recuperándonos de los estragos educativos de la Dictadura en muchos sentidos.

Por otro lado, el ABP – y ampliaría la argumentación a todo el paradigma basado en competencias – requiere un cambio radical de la filosofía, la organización y la práctica de la educación. No es lo mismo “aprender para archivar”, que es lo que marca nuestra tradición, que “aprender haciendo” o aprender para el desarrollo de las competencias del alumnado. El ABP demanda por parte del centro y del profesorado una reflexión en profundidad acerca de qué se pretende conseguir y qué queremos que aprenda nuestro alumnado, para lo cual, entre otras cuestiones, modificamos nuestra manera de enseñar, informamos a las familias, revisamos nuestras estrategias de evaluación y consideramos si el horario y la división – o el agrupamiento – de materias es el más adecuado para el aprendizaje y el desarrollo de las competencias.

Es decir, el ABP es la parte visible de una espiral de cambio en el centro educativo: ¿están todos los centros y todo el profesorado dispuesto a realizar esta reflexión y los cambios que sean pertinentes en beneficio de su alumnado? La respuesta a esa pregunta es también la respuesta a la pregunta de por qué todavía hay tanto profesorado que no usa el ABP o lo usa de manera puntual.

¿Qué beneficios destacaría del aprendizaje basado en proyectos frente a otras metodologías?

Me centraré en tres beneficios: desde la perspectiva del alumnado, el ABP permite un desarrollo profundo, amplio y efectivo de sus competencias; desde la perspectiva del docente, el ABP es un potente estimulante de su desarrollo profesional; y, finalmente, desde la perspectiva del centro, el ABP moviliza fuerzas que podían estar ocultas para la transformación y la mejora, conciliando recursos y competencias profesionales que permiten que el servicio que presta el centro a su alumnado sea mejor y que, en consecuencia, el prestigio del centro también aumente.

Las TICs son una herramienta que cada vez contribuye a muchas más mejoras… ¿cree que puede llegar el momento que puedan sustituir al docente? ¿Cuál es la importancia o rol del docente para que esto no suceda?

No solo creo que las TIC pueden llegar a sustituir al docente sino que me consta que, en parte, esta es la ambición de las Grandes Tecnológicas a través de una línea de desarrollo llamado aprendizaje adaptativo, que podemos encontrar sintetizada en documentos como New Vision for Education (Foro Económico Mundial), donde podemos leer:

“en muchos países el profesorado está mal preparado y su falta de calidad genera malos resultados educativos; el uso de tecnología educativa puede mejorar la calidad de la educación pues la tecnología puede realizar algunas de las funciones que realizan hoy los docentes y, además, con un coste menor.”

Así pues, se está construyendo una visión del docente como un profesional mal preparado (¿suena esta cantinela a algún discurso político en España?) y a quien es posible (y más rentable) sustituir que formar una vez que se tenga la tecnología que permita hacerlo.

¿Qué puede hacer el docente ante el empuje económico de las Grandes Tecnológicas? Probablemente poco si los políticos se convencen (y son convencidos) de que la respuesta tecnológica proporciona soluciones a los (supuestos) problemas de la Educación. En todo caso, en mi opinión la confrontación Tecnología vs. Docentes es, en realidad, el dilema entre una enseñanza y aprendizaje de contenidos como bits de información frente a una experiencia educativa rica, plenamente social, cargada de valores y con la aspiración de servir para la construcción de un mundo mejor.

Mi confianza, obviamente, está puesta en los docentes.

(Analicé el documento mencionado anteriormente en la entrada “New Vision for Education o cómo se construye la educación del futuro con falacias“).

¿Qué papel tienen las TICs en el ABP?¿Son imprescindibles para poder trabajar ABP?

Las TIC son una poderosa herramienta para el aprendizaje siempre que sean bien entendidas pero, sin embargo, las TIC no son un fin en sí mismas ni son imprescindibles: el objetivo no es aprender a hacer blogs, sino usarlos para escribir y mostrar nuestras producciones gráficas; la clave no es aprender a hacer un podcast sino usarlos para trabajar la oralidad, y también la escritura para la preparación de un guión, o los diálogos mediante entrevistas, etc. Así pues, nuestra atención debe estar puesta en qué competencia o destreza queremos desarrollar y después pensaremos qué actividad queremos realizar mediante qué artefacto digital y su correspondiente herramienta.

Por otro lado, las TIC también nos han permitido comprender algunos problemas invisibles en nuestro sistema educativo: ¿acaso no es el Flipped Learning el intento de una solución tecnológica al problema de la gestión del tiempo en la escuela?¿No es la pizarra digital un símbolo del problema de la inserción de lo multimedia en el aula? En realidad no sabemos cuál es el impacto de las TIC en el aprendizaje – y probablemente no podamos saberlo nunca – pero sí sabemos que las TIC señalan problemas del sistema y apuntan posibles soluciones que debemos también evaluar.

Hay un debate generalizado con la falta de motivación del alumnado, ¿cree que la metodología puede ser crucial?

En general, seguimos pensando que la motivación es un rasgo de la personalidad del estudiante, que viene cargado – o no – con motivación desde su casa: creemos que la motivación viene en la mochila.

Sin embargo, la motivación es un constructo muy complejo y es más acertado pensar que se co-regula en el aula y en la escuela. Solo así se entiende que un estudiante puede estar motivado respecto a la escuela pero no respecto a una materia; o se puede sentir motivado respecto a un bloque de contenidos pero no respecto a otros. O su motivación puede fluctuar dependiendo de qué profesor imparte cada materia.

En realidad sería una importante irresponsabilidad pensar que nuestra manera de enseñar no tiene un impacto sobre la motivación para aprender. Obviamente nuestra manera de enfocar la materia, de exponer los contenidos, de proponer proyectos o actividades y, posteriormente, de evaluarlas tiene una incidencia trascendental en la motivación del alumnado, que de manera genérica hoy demanda sentirse agente de su propio aprendizaje y no espectador en un show ajeno.

La diversidad es una realidad y para muchos/as, entre los que nos encontramos, la vemos como un enriquecimiento, ¿cómo puede ayudar el ABP a la inclusión?

La mejor manera de atender a la diversidad y favorecer la inclusión es utilizar una variedad de enfoques metodológicos que generen un amplio espectro de situaciones de aprendizaje diferentes. En este sentido, el ABP es un marco flexible que permite secuenciar el aprendizaje de tal forma que podamos ir evaluando de manera dinámica y así poder detenernos para ampliar, reforzar o tratar cualquier dificultad en tiempo real. Por esta razón el ABP es, en realidad, un gran aliado de la escuela inclusiva, como ya descubrieron los pedagogos de finales del XIX y principio del XX y como ratifican hoy especialistas en el tema como Carol Ann Tomlinson o David Perkins, entre otros.

Mucho profesorado no se anima al ABP porque comentan que no hay apoyo familiar, ¿qué opina sobre esto?

Las cuatro palabras clave en Educación respecto a las familias son informar, formar, colaborar y participar. Si un centro educativo o un docente informa suficientemente a las familias (aquí, por ejemplo, destaca el valor de las rúbricas o las evidencias generadas por proyectos anteriores) y si se preocupa por formarlas ofreciendo oportunidades de aprendizaje también a las familias (véase, por ejemplo, el proyecto de Familias Lectoras de la Junta de Andalucía como ejemplo de éxito en este sentido), entonces las familias no representan un obstáculo sino que participan y colaboran.

Tenemos que entender que cuando hablamos de Educación, de enseñanza o de aprendizaje con las familias, estas usan sus propios “marcos mentales” para entendernos y estos “marcos mentales” se han construido tomando como base su propia experiencia educativa. En este sentido el marco mental de muchas de nuestras familias se puede resumir en la frase que da título a un conocido libro: “Yo soy de EGB”. ¿Podemos de verdad extrañarnos de que las familias se sorprendan cuando hacemos propuestas de ABP? Pues partiendo del marco mental “Yo soy de EGB”, no veo extraño que se sorprendan, pero es responsabilidad del centro demostrar a las familias que la propuesta “novedosa” es eficaz y valiosa para sus hijos e hijas.

Hay muchos artículos de opinión y comentarios en contra de estos cambios metodológicos, de estas “nuevas metodologías”, ven el problema de la educación principalmente en los cambios del papel de las familias, falta de motivación y a veces educación del alumnado y del sistema educativo (leyes, condiciones laborales….). ¿cuál es su opinión al respecto?

Con frecuencia pienso que cuando escuchamos o leemos la expresión “sistema educativo”, no prestamos suficiente atención a la palabra “sistema”. Puesto que la Educación es un “sistema”, pensar que los problemas se deben solo a las familias o al alumnado mientras que todo funciona maravillosamente en los centros educativos o en la práctica docente es, simplemente, una falacia.

¿Deben mejorar las condiciones laborales del profesorado? Obviamente, comenzando con la recuperación de derechos y condiciones perdidas durante la crisis, y después mejorando tanto como sea posible para que la docencia sea una profesión atractiva y bien recompensada. ¿Debe mejorar la inversión en “instalaciones de aprendizaje”? Por supuesto: necesitamos buena conexión a Internet, buenos laboratorios, buenas instalaciones deportivas, etc. ¿Sería conveniente llegar a acuerdos de Estado para crear un marco estable para la Educación? Sí, lo sería, siempre que esos acuerdos fueran en sí mismo buenos – y no como el Pacto de Estado que se está articulando actualmente, que como punto de partida permite que perdure la LOMCE y ratifica mucho de sus principios, a pesar de que fueron mayoritariamente rechazados por toda la comunidad educativa.

En fin, ¿debe mejorarse en todos estos ámbitos? Por supuesto que sí, pero que se deba mejorar en estos aspectos no significa que no podamos, ya, mejorar en cuestiones que están bajo nuestro control, como son la metodología de enseñanza.

Sabemos que es importante valorar el sentido de la evaluación para obtener datos y tomar decisiones sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje. Pero, ¿qué lugar ocupa la evaluación desde la perspectiva de las pedagogías emergentes?

La evaluación entendida desde esa perspectiva de “obtener datos y tomar decisiones” es central en el proceso de aprendizaje: por aportar solo dos razones de peso, sin auto-evaluación, no hay desarrollo de las competencias puesto que el individuo no es consciente de cómo puede utilizar sus recursos, ni de cómo ha conseguido esas competencias; sin hetero-evaluación, no se puede hablar de escuela inclusiva porque no tendríamos mecanismos para saber si todo el alumnado está aprendiendo, ni tampoco qué dificultades encuentra o cómo podemos ayudarle.

Así pues, la evaluación es consustancial al aprendizaje. El problema es cuando confundimos evaluación con calificación, simplificando un proceso complejo de aprendizaje en un número entre el 1 y el 10 y, además, generando unas consecuencias muy importantes, decisivas para la vida del estudiante, a partir de la obtención de una u otra calificación.

La evaluación es una actividad decisiva y con frecuencia no pensamos lo suficiente en qué significa evaluar, cómo evaluamos y cómo podríamos evaluar mejor.

¿Qué medidas crees que pueden tomar las instituciones educativas y que no han tomado todavía para impulsar la innovación en los centros educativos?

En realidad, en consonancia con la pregunta anterior, habría que hacer una propuesta sistémica que afecte tanto a la inversión en educación (y en investigación sobre educación), a la formación inicial y permanente del profesorado, a la revisión en profundidad del currículum, a la organización de los centros y las condiciones laborales del profesorado y las posibilidades reales de las familias de colaborar en la educación de sus hijas e hijos. Es decir, transformando estas realidades podemos aspirar a una mejora sustancial y sostenible de la Educación.
Y mientras tanto, ¿qué pueden hacer los centros? Pues quizás lo mejor que pueden hacer es bien sencillo: constituirse en comunidad profesional de aprendizaje, compartir en el claustro el conocimiento y las competencias que tienen los docentes, trabajar por un proyecto educativo de centro real, coherente y centrado en el aprendizaje del alumnado y el desarrollo de sus competencias. En resumen, los centros pueden construir su propia hoja de ruta para la mejora considerando los mimbres que tienen, los recursos de los que disponen y el mucho potencial de su profesorado. Somos una profesión altamente cualificada: debemos mantener la frente y las expectativas altas.

Hay mucho por hacer, sí, pero los docentes podemos hacer mucho por el bien de la escuela y de nuestro alumnado, que es tanto como decir que tenemos mucho que contribuir al bienestar de nuestra sociedad. Esa es, precisamente, la grandeza de nuestra profesión: contribuir a crear un mundo mejor mañana a través de la educación hoy.

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